miércoles, 17 de agosto de 2011

Historia y Fútbol: Almirante Brown



El fútbol tiene muchas aristas, se dice que es una expresión social, que tiene aspectos tácticos, psicológicos, físicos y tantos otros de los que hablamos hasta cansarnos en cada evento deportivo que tenga como protagonista una pelota de cuero y 22 jugadores alrededor.Todos alentamos a nuestro equipo y cantamos miles de canciones con su nombre, pero poco sabemos de su origen. En este sentido hay un selecto grupo de clubes cuyo nombre me llamó siempre la atención, pero como sus inicios están totalmente alejados de mi campo pocas veces pude explicarlos. Por eso recurrí a la ayuda de un sabio en el tema y me lancé a la aventura de intentar conocer quiénes son los próceres que les dan nombre a los clubes del fútbol argentino. A sugerencia de mi asesor y hacedor del 90% de la nota, el querido profesor de historia Pablo Gianninoto, decidimos comenzar con un curioso personaje que nomina a muchos clubes a lo largo y a lo ancho de la Argentina. ¿Quién es Almirante Brown? ¿Qué aportó a la historia de nuestro país y por qué tenemos más clubes con su nombre que el mismísimo Manuel Belgrano? Bueno, desde el desconocimiento absoluto intentaré transmitirles una reseña.
Curiosamente los orígenes de Guillermo Brown se encuentran muy lejos de nuestras tierras, precisamente en Irlanda donde nació en 1777 y vivió poco tiempo hasta que sus padres lo llevaron a los Estados Unidos, país en el que vivió hasta su adolescencia cuando quedó huérfano y se alistó como marinero aprendiz en un barco de guerra inglés. Precisamente hoy todos disimuladamente conozcamos el apodo de las porristas del club, “Las Marineritas”, y nos podemos dar cuenta del por qué.
Pero volviendo al personaje que nos ocupa, luego de quedar preso en manos de los franceses, escapar y tras un fugaz paso por Montevideo finalmente recala en Buenos Aires. Su relación con el país vecino se traslada al ámbito futbolístico ya que muchos atribuyen los colores del popular Club Almirante Brown a la camiseta de Peñarol de Montevideo.
Ya en nuestro país se unió al proceso revolucionario en 1810 y para 1814 contribuyó en la expulsión de los realistas de la isla Martín García y la toma de posesión de la misma, la cual era un bastión importantísimo para la causa revolucionaria en su sitio a Montevideo. Un mes después con la ayuda de Rondeau y Artigas logran liberar Montevideo y el mismísimo General San Martín califica este hecho como el mayor logro militar desde el inicio de los combates por la revolución.
Luego se retira hasta 1826 cuando es convocado para la guerra con el Imperio de Brasil y tras concluir la misma dice adiós a su carrera militar negándose a participar en la disputa entre Unitarios y Federales.
A mediados de 1857, Guillermo Brown fallece en Buenos Aires.
Como punto saliente, se trata del primer marinero nombrado Almirante. A lo largo de su carrera militar siempre luchó desde la adversidad ante rivales siempre superiores en número y armamento. Esto no le impidió formar parte de un proceso de militarización construido desde la nada misma y que colaboró en gran medida a construir el espíritu revolucionario porteño. Hoy podemos nombrar a numerosos clubes que le hacen honor con su nombre como el mismo Club Almirante Brown, Brown de Adrogué, Brown de Arrecifes, de Puerto Madryn y seguramente muchos más. Todos ellos comparten desde su humilde presente el espíritu de lucha y honran al Almirante que les regaló su nombre.
Sería de mi parte un atrevimiento enorme poner mi nombre en la nota, desde ella sólo intento trasladarles lo que pude aprender desde las palabras del profe Pablo Gianninoto. Sabiendo que la historia muchas veces suele aburrir a muchos, entre los cuales no dudo en incluirme, si llegaste hasta estas líneas es porque además de sombreros y gambetas te interesa aprender. Desde quién escribe espero haber podido contribuir aunque sea un poquito a esa causa y, de ser así, seguiremos aprendiendo de los próceres que nos representan en el deporte que amamos.

viernes, 29 de julio de 2011

El fin de mi pasión



Todos los años, cuando el mes de agosto llega, a los que nos gusta el fútbol en Argentina nos empieza a generar cosquillas en la panza. Esa hermosa sensación que marca el regreso del fútbol hoy no está. Como todos saben yo tengo mi corazón puesto en ese equipo de camiseta roja que supo llenarse de gloria en toda su historia y se ganó merecidamente su apodo de Rey de Copas. Mi pasión por ese equipo me llevó a la alegría en su máxima expresión y, en otros momentos, me hizo llorar de tristeza. Si hay algo que siempre pude asegurar es que esa pasión no se iba a ir más y que cada comienzo de campeonato los nervios y ese cosquilleo de ansiedad iban a estar presente. Pero este año las cosas cambiaron y los responsables de nuestro deporte terminaron de darle una estocada a un enfermo de gravedad.
Está claro que se necesita un cambio, creo que todos lo reclamamos mucho antes que termine el último torneo y hace unos días nuestros dirigentes lograron algo que nunca pensé que podía ocurrir: empeoraron algo muy difícil de empeorar. La solución a todos los males que aquejan a nuestro fútbol es eliminar la competencia y tirar por tierra lo que muchos clubes supieron ganarse en la cancha. Desde la AFA se tomó la idea de su hoy principal contrincante y se propuso un torneo récord con  38 equipos.
La verdad que cuando salió a la luz el rumor de esta “idea” muchos lo tomamos con gracia y cierto descreimiento, pero la sonrisa se fue desdibujando a medida que desde arriba iban confirmando las versiones.
Ese lunes en que se reunió el comité de AFA me sentía inquieto, nervioso y en el fondo tenía la leve esperanza de que esa novia que me acompaña desde siempre llamada “pasión” no me iba a abandonar. Seguramente nuestros dirigentes pensaron lo mismo al levantar la mano afirmativamente, pero les puedo asegurar que en mi caso se equivocaron, mi pasión encontró un límite.
De las palabras de Julio Grondona se desprende que cambiamos el sistema porque ya no se puede con los males que lo aquejan. El eterno dirigente manifestó que el fútbol está pasando un momento de histeria y que esto ayudaría a calmar los ánimos y evitar violencia. Por otro lado habló de federalizar el fútbol como si eso le hubiera importado en los 30 años que está al frente de AFA. También esgrimió que debe cuidar el “negocio” y que la iniciativa genera un mayor flujo de ingresos para los clubes.
Como sin entender nada me puse a pensar si había algo de verdad en esos argumentos, pero por más vuelta que le busque no le encuentro lógica alguna.
Lo cierto es que la violencia no se soluciona evitando la competencia, se soluciona con políticas serias de prevención, con educación, cortando la relación con barras, con penas para aquellos que no quieran entender que van a ver un deporte y no una guerra, con arbitrajes transparentes y con planificación seria de los operativos de seguridad. Cualquier otra medida sólo es un parche que se suma a los otros tantos que ya hay.
Entonces, si no es la violencia la justificación debe ser la federalización del fútbol. Pero en esto también hablamos idiomas diferentes con Don Julio. Cuando los que somos del interior reclamamos federalización no pedimos que nuestros clubes asciendan por decreto ni en una oficina, pedimos que tengan los mismos derechos económicos que aquellos de Buenos Aires y que cuando logren el ascenso se puedan afianzar y no sufran el rigor del promedio. En el último campeonato de la B Nacional los mejores 10 equipos de la tabla fueron equipos del interior y los 4 ascensos forman parte de ellos. El problema no es que no puedan ascender, el problema es que el sistema está armado para que desciendan y no crezcan.
Ahora bien, me queda un argumento: La economía de los clubes. La verdad es que me acerqué bastante al verdadero motivo y quizá en algo tenga que ver. Lo cierto es que se les está otorgando más recursos a personas que, en el mejor de los casos, no están preparadas para administrarlos. A ver, sería algo más o menos así: si en mi casa hay una gotera tengo la opción de arreglarla y evitar que siga goteando o poner una cacerola para que el agua no caiga al piso. Como la segunda es la solución más fácil yo elijo esa. El problema es que a lo largo de un tiempo la gotera sigue y la cacerola se me llena. Vuelvo a tener la misma opción, arreglarla o poner una cacerola más grande. Creo que todos nos damos cuenta que si elegimos la segunda alternativa vamos a caer nuevamente en el mismo problema. La AFA parece que todavía está pensándolo. La solución es controlar a los clubes, exigirles claridad y administración responsable. En el básquet un equipo no puede arrancar el torneo con deudas y la federadísima Liga Nacional de Básquet es argentina y la creó un argentino, el gran León Najnudel. El problema no es que somos argentinos, el problema es que hacemos las cosas mal, y en el fútbol mucho más.
Ser hincha de un equipo es algo único, hermoso y que a veces nos hace actuar irracionalmente. El sentimiento no se negocia y pase lo que pase va a seguir igual, en las buenas y en las malas más todavía. Parece que nuestros dirigentes se dieron cuenta de esto y forzaron la cuerda a más no poder para seguir exprimiendo su propio negocio. Al final ese es el verdadero motivo de todo este desastre. La realidad es que algunos empezamos a sentir que el sentimiento se acaba o por lo menos se ensució y que ya no es el mismo.
Sea por motivos políticos o por motivos administrativos de AFA la decisión se postergó, o por lo menos eso se planteó, y la pelota se pateó hasta octubre. En ese momento nuestros dirigentes demostrarán qué papel juegan en toda esta historia. Quizá ingenuamente yo me permito tener esa lucecita de esperanza en que de una vez por todas se hagan las cosas bien y que se escuche al hincha.
Como futuro Licenciado en Administración de Empresas puede resultar llamativo que pida que de una vez por todas la pasión no quede supeditada al dinero y al negocio. Yo quiero seguir siendo hincha fanático, gritar, sufrir, llorar y saltar de alegría, pero por lo que pasa adentro de la cancha y no por lo que decida un par de corruptos y dos o tres empresarios.
Tardé varios días en juntar ganas de escribir esta nota y les puedo dar un montón de motivos, pero no les voy a mentir, el motivo se sintetiza en una palabra: DOLOR.

domingo, 17 de julio de 2011

Esa vieja y conocida desilusión.



Dicen que cuando las cosas no son claras desde un comienzo el desastre es inevitable. Creo que no hay mejor ejemplo de esa afirmación que el de la Selección Argentina de Fútbol, una máquina perfecta de generar desilusiones y desaprovechar talentos que difícilmente se vuelvan a repetir. Hoy la figura en cuestión es Messi y vamos camino a perdernos del placer de coronar su magia con un logro deportivo. Las razones son tan extensas como el período de virginidad copera que tiene nuestro país.
Tenemos que entender un par de cosas para sentar algunas bases hacia un futuro un poquito más próspero.
Primero, los jugadores son un eslabón más, importante, pero uno más. Si al engranaje le faltan piezas no va a funcionar por más que todas los demás componentes sean los mejores. Hoy tenemos el mejor de los componentes, el que no tiene nadie, pero nos equivocamos al insertarlo en el mecanismo equivocado. Hoy el DT parece que recorre todos los mercados, pero termina quedándose con las mismas piezas de siempre. Se armó una “Selección B” con jugadores del fútbol local o algunos “Sub-25” con el objetivo de encontrar alguna joyita perdida que podamos incorporar a la montaña de talentos de la cual contamos. Sin embargo no hay un solo jugador del fútbol local en el plantel que termina de disputar la Copa América.
Segundo, es tan importante tener un Messi como tener un buen lateral o un buen central. Hoy tenemos como nunca muchísimos jugadores de ataque, todos de un nivel y una calidad enorme, pero como nunca antes carecemos de laterales y centrales. La verdad cuando me preguntan qué laterales deberían jugar o a cuál veo con proyección me quedo sin respuestas. ¿Es posible eso en un país en el cual crecen jugadores como el pasto? Y, a lo mejor los jugadores están pero no los estamos buscando ni formando. Hace unos años a mi me daba orgullo ver el trabajo que hacía mi país en las selecciones juveniles, de la mano de José Pekerman y su equipo de trabajo, salieron jugadores a montones, nos dejaron bien parados deportiva y extradeportivamente. Hoy no formamos jugadores de selección y por eso no los tenemos ni los encontramos. Dejamos la formación librada a los clubes, festejamos planteos que reinventan a centrales bajo la forma de laterales y destacamos los famosos “doble cinco”. Hoy no tenemos ni laterales ni organizadores de juego, ¿casualidad o consecuencia?
Tercero, cada vez hablamos menos de fútbol, escuchamos y vemos horas y horas de aire televisivo y radial hablando de la “actitud” de los jugadores, de si el extraterrestre que tiene la 10 en la espalda “canta o no canta el himno”, de si Tévez es “el jugador del pueblo” o de si Batista es “el muñeco de Grondona”. Capaz que si hablamos de fútbol vamos a empezar a encontrar falencias importantes que explican el momento que se vive.
Cuarto, no cortemos el análisis en la selección nacional, es nuestro fútbol y nuestra gente la que sufre una crisis. Nuestro fútbol porque los clubes que lo conforman juegan cada vez peor, y de nuestra gente porque cada vez pedimos más “huevo” y menos “fútbol”. Insultamos a Messi, al mejor jugador del mundo, pero valoramos a otros que sólo juegan para la tribuna pero a la hora de tocar la pelota parece que se les nubla la vista. Eso si, corren todo el partido. Somos cada vez mejores atletas, cada vez menos futbolistas.
El futuro dependerá de si el cambio es profundo o simplemente superficial. El hecho de que apenas terminó el partido lo único que escuché fue “andate Batista” no me permite ser muy optimista, después de todo si repetimos historia vamos a terminar repitiendo resultados. Ojalá me equivoque.

miércoles, 29 de junio de 2011

Efecto Dominó


Las especulaciones se terminaron señores y River Plate, uno de los equipos más grandes de la Argentina, jugará la próxima temporada en el Nacional B. La búsqueda de responsables fue automática y nuevamente se cometió el error de focalizar culpas en figuras puntuales. Lo claro es que Aguilar, Passarella o Juan José López son solo caras visibles de un problema en el cual formaron y formamos parte todos en mayor o menor medida.
Alguna vez me tocó escribir sobre dirigentes, hinchas, violencia, barrabravas y hoy parece que sería suficiente cortar y pegar palabras, porque los argumentos se repiten. En realidad los que se repiten son los problemas y las soluciones insuficientes que se plantean en cada uno de los sectores que conforman nuestro fútbol.
Cuesta ver al fútbol argentino en este momento. Pareciera a veces que atrás de esto hay alguien que deliberadamente busca destruir nuestro deporte, nuestros clubes y nuestras pasiones. La realidad es que todos colaboramos a ese fin.
En el fútbol hay varios componentes que forman un engranaje y si uno de ellos no funciona medianamente bien, en algún momento el engranaje se rompe. Es lo que le pasó a River y lo que le está pasando al grupo de equipos llamados “grandes” en Argentina.
Los dirigentes son el primer componente, porque son ellos los que tienen y deben planificar el futuro del club, los que deben encausar los esfuerzos y deben cuidar la salud de las instituciones cuya administración les fue encomendada. La palabra administración no es una palabra más, administración significa “Planificar”, “Organizar”, “Dirigir” y “Controlar”, curiosamente palabras extrañas a nuestros oídos que escuchamos solamente en períodos de campaña y luego olvidamos entre refuerzos resonantes, resultados deportivos y promesas incumplidas. Si hay algo que los dirigentes argentinos no hacen es administrar, porque la planificación se cae a pedazos por dos partidos perdidos y una pelota en el palo, la organización está ausente desde los clubes y desde la misma AFA, la dirección se concentra en calmar al hincha y el control se acomoda para cubrirse mutuamente de acciones que son tan corruptas como generalizadas.
Los hinchas son el segundo componente y no dejan de tener su parte en esta historia. Cuando decía anteriormente que focalizar culpas no sirve de nada es porque justamente favorece que nos olvidemos de responsables. Cuando se focalizan las culpas de los hinchas en los llamados “barrabravas” nos olvidamos que nosotros, los hinchas sanos del fútbol, también colaboramos aún sin intención en el deterioro de nuestras instituciones. Los hinchas no sabemos exactamente lo que queremos y ese mensaje es el que recogen nuestros dirigentes. Pedimos instituciones con economías sanas, desarrollar las inferiores, promover las acciones sociales, incorporar nuevas actividades e incorporar a la familia a la vida del club, pero una pelota en el palo o dos partidos perdidos parecen prevalecer y terminamos pidiendo la cabeza de todos los que estén a mano. Los hinchas sanos somos los que muchas veces nos creemos en el derecho de insultar a jugadores, de agredirlos e increparlos. Un jugador puede tener un desempeño bueno, malo o regular en la cancha. En cualquiera de los casos no merece jamás la constante falta de respeto a la cual los sometemos.
Los jugadores son el tercer componente y son los protagonistas. Son ellos los que en definitiva pueden meter la pelota en el arco rival o impedir que entre en el arco propio. Son los que nos regalan (cada vez menos) gambetas, lujos y goles, pero no dejan de ser trabajadores y como tales dependen del funcionamiento de toda la institución en la cual se desempeñan.
El cuarto componente es el organismo de control, en este caso la AFA. En realidad la asociación encabezada por Don Julio Grondona se merece páginas y páginas, pero para resumirlo podemos decir que quien tiene la responsabilidad del “control” hoy es el principal responsable del “descontrol”. Los clubes mueven millones de dólares año tras año y demostraron que si se los deja a su libre albedrío terminan en un verdadero desastre. Las decisiones en los clubes muchas veces pasan por el presidente y una comisión directiva cómplice. Dejar el destino de tanto dinero a un grupo de personas con procedencia, ética y preparación dudosa solo se explica si esta situación es funcional a los objetivos del organismo de “descontrol” y justamente eso es lo que pasa. A medida que los clubes se hunden más poder le dan a la AFA y más dependientes son de sus decisiones y de su “ayuda”. El resultado es el que estamos viendo.
Hay un quinto componente y creo que es el más ausente en todo esto: La educación. Al fútbol lo conforman las personas y si ellas carecen de educación no hay oportunidades de mejora. Los incidentes que vimos en el Monumental no fueron todas obras de barrabravas, había hinchas comunes, mujeres y adolescentes rompiendo su propio patrimonio. Los organismos de seguridad son absolutamente ineficientes, pero el verdadero problema no es de seguridad, es de educación. Si nosotros somos educados los incidentes que vemos todas las semanas en las canchas serían sólo hechos puntuales, esporádicos y absolutamente controlables.
El domingo fue una jornada muy particular y algunos se alegraron por la caída de un grande. Yo personalmente me quedé frío y muy preocupado, porque todo lo que llevó a River a tan dolorosa caída lo veo en mi club y en muchos otros. Dicen que en ocasiones las crisis representan oportunidades y esta es una de esas ocasiones. Lo cierto es que para aprovecharla debemos exigir una reestructuración de raíz, una solución integral. No nos debemos apurar por volver a ver la pelota rodando, porque por este camino de lo último que hablamos es de la pelota. Yo quiero volver a hablar de tácticas, de goles, de errores defensivos, de talento y del partido del domingo. Hoy los temas son los arbitrajes, los hechos de violencia, las canchas a puertas cerradas, los balances, los pasivos, las deudas, las auditorias y los actos de corrupción. Nos quieren hacer creer que, como somos parte de una sociedad que está enferma, el fútbol no puede aportar soluciones. Es al revés, el fútbol es un fenómeno social y como tal puede dar el puntapié inicial para buscar una solución mucho más amplia.
Si estás leyendo a esta altura de la nota es porque en algún punto pude captar tu interés y compartimos una indignación que nos entristece. Puede parecer que siempre decimos lo mismo y que repetimos sin sentido siempre las mismas palabras. Espero alguna vez podamos convencernos de que el problema es grande y complejo así de una vez por todas podamos afrontarlo como tal. Ojalá en un tiempo los domingos volvamos a hablar de fútbol y mis notas hablen de fútbol. Es el sueño de todos los que amamos el deporte.

martes, 21 de junio de 2011

¿Quién es el rival de River?



Estamos a horas de un partido histórico en el que River Plate, uno de los equipos más grandes de la Argentina se juega su historia al enfrentar cara a cara la posibilidad del descenso. Su rival, Belgrano, está en el centro de las miradas de los medios de todo el país como pocas veces lo estuvo en los últimos años.
Para nosotros los cordobeses no es extraño ver a Belgrano en estas instancias, conocemos a la perfección sus virtudes y sus defectos, las ha ido mostrando a lo largo de su larga historia. Los medios televisivos bonaerenses parecen estar ante la presencia de un equipo desconocido y al escuchar sus apreciaciones me surgió la necesidad de presentarles a este grande cordobés.
Belgrano, junto con Talleres, es uno de los dos equipos más populares de la provincia. Su historia está llena de estas instancias. Le tocó alguna vez perder una final contra su clásico rival y semanas más tarde sobreponerse y lograr el ascenso.
Como consecuencia de sus malos manejos dirigenciales, como muchos debió enfrentar la quiebra y su posterior gerenciamiento. Después de un comienzo con muchas dudas, toma el mando Armando Pérez y comienza un proceso de saneamiento, transparencia y seriedad. Se apostó por las divisiones inferiores, se les dio lugar en el primer equipo y se reforzó el plantel en la medida justa, con presupuestos equilibrados y objetivos claros. Estos procesos llevan tiempo, el ascenso se le viene negando, pero uno puede notar en sus hinchas una sensación de satisfacción y optimismo impensada hace unos años atrás. Aquellos que lo miramos desde afuera, sin sentimientos involucrados, estamos de acuerdo y deseamos que el resultado consagre el trabajo serio.
Este campeonato el equipo llegó a la última posición del Nacional B. En ese momento, pensar que el ascenso iba a ser una posibilidad sonaba como una utopía, pero tratándose de Belgrano las utopías son posibles, es su característica.
La llegada de Ricardo Zielinski le dio un aire fresco y con un juego aguerrido, simple y consciente de sus limitaciones llegó al objetivo de la promoción. Cuenta con jugadores de experiencia, que conocen la categoría y este tipo de instancias. Mariano Campodónico es el amuleto del ascenso, sabe lo que es ascender con Belgrano y con muchos otros equipos, parece que para ascender es condición tener a Campodónico en el plantel. Si bien alterna titularidad y suplencia, el goleador está y es siempre una alternativa.
El “picante” Pereyra es un jugador peligroso, veloz, inteligente y con gol. Nada más amoldado a la realidad de un River empapado en desesperación.
Olave, desde el arco transmite personalidad y voz de mando. Otro que de ascensos conoce y está en un buen momento.
Franco Vázquez es quizá su principal figura y quien aporta la cuota de buen pie y talento. Casualmente en otra promoción, contra Racing, muchos se vieron sorprendidos en aquel momento con otro pirata, Matías Suárez, que luego emigró al fútbol belga en donde se mantiene con muy buenas actuaciones. Hoy Franco Vázquez es el jugador a observar, tiene todo para sorprender.
No esperen en el celeste un equipo lírico y lleno de individualidades, pero tampoco un equipo tímido y superado por la circunstancia. Belgrano es justamente la clase de equipos contraindicados para enfermos terminales como River, uno que sabe a qué juega y deja la vida en la cancha. El equipo cordobés conoce sus debilidades y va a tratar de evitar que el juego pase por ellas, River es un mar de debilidades y la mental es la más peligrosa.
El resultado de esta historia es incierto, el fútbol es incierto y pocos podemos asegurar un desenlace. River es un grande de la Argentina, Belgrano es un grande de Córdoba y del interior del país. Todo está dado para que veamos un partido atractivo, que explota de emociones. Personalmente espero que le agreguen una cuota de buen fútbol y que todo se de en paz más allá de los resultados finales. Si eso se concreta estoy seguro que lo vamos a disfrutar, más allá de las camisetas y de las pasiones que nos invadan.

sábado, 18 de junio de 2011

El goleador que no fue.


Se termina un nuevo campeonato en el fútbol argentino, con situaciones curiosas, polémicas y muchas emociones, de las malas y las buenas. El mundo Boca pudo despedir a su máximo goleador, el gran Martín Palermo. Escribir sobre este asesino de redes no tendría mucho sentido y mis apreciaciones no agregarían nada nuevo. Por eso me voy a cruzar de vereda, hacia Núñez, y voy a recordar a un jugador exquisito, que por cuestiones del destino no pudo ser el goleador que todos esperamos.
Allá por 1999 debutaba Fernando Ezequiel Cavenaghi y rápidamente se transformó en una de las figuras del fútbol argentino. Los que más allá de las camisetas disfrutamos su clase y sus definiciones siempre sutiles no dudábamos en que el 9 de la selección para él era sólo una cuestión de tiempo y de madurez. En River brilló y tras 5 años cambió su destino hacia las frías tierras rusas, al Spartak de Moscú. Los que lo admiramos nos quedamos con un sabor amargo, el “Torito” tenía otro nivel, prometía seguir los pasos de otros goleadores riverplatenses como Hernán Crespo o Javier Saviola. Los dólares rusos pudieron más y nos alejaron del talento de una de las promesas más destacadas de nuestro fútbol por dos años. Cuando se que decía su ciclo en Moscú se había terminado todos nos dijimos que era el momento de dar el salto hacia una liga de primer nivel y que ahí iba a poder demostrar todas sus cualidades, pero apareció el Bordeaux, la Liga Francesa y su paso por el fútbol galo tuvo sinsabores porque arrancó con todo pero terminó en el olvido sentado en el banco de suplentes, demasiado talento derrochado. El Mallorca le dio finalmente la bienvenida a la Liga Española que sólo lo pudo disfrutar por 8 partidos, no llegó ni siquiera al número que marcaba su camiseta, el 10. Hoy lo vemos en el Inter de Porto Alegre, con poca continuidad y yo me pregunto siempre por qué Cavenaghi nunca llego a ser aquél goleador que nos prometió a fuerza de talento. Oportunidades tuvo, condiciones también. ¿Será que el fútbol no le perdonó nunca haber errado su destino allá por 2004 cuando estaba en su mejor momento y era pretendido por los mejores clubes de Europa? Lo cierto es que Europa no le sentó bien, River siempre fue su casa, pero nunca más volvió.
Arranqué la nota nombrando a Martín Palermo y no es casualidad, el titán tampoco tuvo un gran desempeño por suelo europeo, pero supo cuándo volver a su casa, se reencontró con el calor de su gente. El “Torito” todavía tiene el crédito abierto y seguramente River lo espera con ansias.
Se termina un nuevo campeonato y nuestro fútbol extraña cada vez más al selecto grupo de definidores exquisitos del cual Fernando supo ser parte. Sus 27 años nos dicen que todavía puede ser ese goleador efectivo, letal, pero por sobre todas las cosas muy vistoso. Después de todo dicen que lo que el fútbol te quita a la larga te lo devuelve y si hoy nos quitó a un animal del área como Palermo quien dice que no nos devuelva otro con la banda roja cruzada al pecho. En el fútbol los tacos, las gambetas y los sombreros son los que se llevan todos nuestros aplausos, pero cuando la pelota llega al área siempre es bueno tener un señor elegante que le presente a su eterna enamorada, la red.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Sin Rumbo

Mis primeros 29 años de vida mantuvieron una característica casi inalterable, la pasión por el fútbol. El fútbol argentino durante esos 29 años también presentó una característica inalterable, la presencia de Julio Humberto Grondona, un personaje polémico, acusado en miles de oportunidades pero inmutable en el poder. Todo en nuestro fútbol gira alrededor de “Don Julio”, ninguna decisión se toma sin su consentimiento y el resultado cada vez se aparta más de un rumbo coherente.
Los tiempos que vive AFA son turbulentos como nunca me tocó ver antes, las fallas son groseras y generales. Ya la discusión no pasa por la designación de un DT, ni por el sistema de disputa de los torneos ni por los promedios, temas importantes que hoy son sólo partes de un problema mayor alimentado por la existencia por primera vez en mucho tiempo de un contendiente que ataca con las mismas armas. El surgimiento de Daniel Vila, discutido empresario, puso al descubierto una realidad que todos conocíamos, pero que se callaba. Empezamos a escuchar casos de sobornos en arbitrajes, casos de doping ocultos, arreglos dirigenciales y una alarmante discrecionalidad en el manejo de fondos que sólo favorece a clubes obsecuentes, o mejor dicho a dirigentes obsecuentes porque los clubes son los más perjudicados.
Los clubes se endeudan, ofrecen sueldos millonarios por jugadores que no reflejan su valor en el campo de juego, se cierran acuerdos con empresarios que vacían divisiones inferiores y actúan como “usureros deportivos”. Pero no importa, la AFA todo lo tapa con dinero fresco que no hace más que comprar más y más obsecuencia. En un país serio, la AFA sería un organismo de control encargado de prevenir estos comportamiento y velar por la salud de los clubes a través de un marco regulatorio serio, coherente, oportuno e integralmente aplicable. Hoy, el marco regulatorio no es ni más ni menos que “lo que Don Julio diga”.
Los arbitrajes avivan el fuego. Todos los fines de semana vemos errores que de polémicos ya no tienen nada, de groseros tienen todo. Luego escuchamos declaraciones de ex colegiados reconociendo una mafia arbitral, arreglo de partidos y favoritismos predeterminados. Hace unas semanas el ex árbitro Juan Bava contaba en ESPN cómo, en su condición de hincha de Boca favoreció al club de la rivera, cómo en un partido cobró un penal y cuando los jugadores no acataron la decisión siguió el partido sin hacer nada. El ex hombre de negro explicaba de compensaciones y todo con la risa cómplice de los conductores del programa de turno. La verdad a mi no me dio risa, me dio una pena y una vergüenza enorme. La AFA no desconoce esta situación, es cómplice, y lejos de controlar y sancionar consiente y alienta este tipo de comportamientos.
La violencia es otro de los focos sin solución, la propuesta de AFA (reactiva, nunca proactiva) es cerrar estadios, jugar con público local y desviar culpas hacia la policía y la justicia. Deberían ya saber a estas alturas que los violentos no distinguen de camisetas, que son mafias organizadas y que son capaces de tirar una piedra en una cancha u otra, nada se gana con suspender un estadio sino dar la sensación de estar “tomando medidas”, los resultados no le dan la razón al organismo máximo de nuestro fútbol. Otra vez, en lugar de controlar, planificar y sancionar, el comportamiento es cómplice.
Hace unos días, las palabras de Diego Armando Maradona, como siempre, encendieron la mecha sobre un supuesto caso de Doping encubierto sobre aquella recordada serie de Argentina con Australia por el pasaje al Mundial de USA 94. Grondona reconoció la situación diciendo que intentaba proteger a Maradona. Sí, eso dijo, increíblemente reconoció la situación como si no pasara nada. En cualquier país serio, eso sería motivo más que suficiente para que este personaje renuncie y la justicia lo investigue. Difícilmente esto suceda con el número dos de FIFA.
El surgimiento de Daniel Vila no me deja más tranquilo. Es saludable que se ponga el tema sobre la mesa, pero estoy cansado de elegir la opción menos peor. La solución debe partir de nosotros, que debemos exigir a nuestros dirigentes que se comporten como tales y no como simples punteros políticos del inmutable Julio Grondona. Después de todo hoy tenemos “Fútbol para Todos”, pero cada vez tenemos menos ganas de ver este fútbol y nos alejamos del deporte que amamos.  Espero que mis próximos años me permitan disfrutar mucho más de esta hermosa pasión que es el fútbol.