miércoles, 29 de junio de 2011

Efecto Dominó


Las especulaciones se terminaron señores y River Plate, uno de los equipos más grandes de la Argentina, jugará la próxima temporada en el Nacional B. La búsqueda de responsables fue automática y nuevamente se cometió el error de focalizar culpas en figuras puntuales. Lo claro es que Aguilar, Passarella o Juan José López son solo caras visibles de un problema en el cual formaron y formamos parte todos en mayor o menor medida.
Alguna vez me tocó escribir sobre dirigentes, hinchas, violencia, barrabravas y hoy parece que sería suficiente cortar y pegar palabras, porque los argumentos se repiten. En realidad los que se repiten son los problemas y las soluciones insuficientes que se plantean en cada uno de los sectores que conforman nuestro fútbol.
Cuesta ver al fútbol argentino en este momento. Pareciera a veces que atrás de esto hay alguien que deliberadamente busca destruir nuestro deporte, nuestros clubes y nuestras pasiones. La realidad es que todos colaboramos a ese fin.
En el fútbol hay varios componentes que forman un engranaje y si uno de ellos no funciona medianamente bien, en algún momento el engranaje se rompe. Es lo que le pasó a River y lo que le está pasando al grupo de equipos llamados “grandes” en Argentina.
Los dirigentes son el primer componente, porque son ellos los que tienen y deben planificar el futuro del club, los que deben encausar los esfuerzos y deben cuidar la salud de las instituciones cuya administración les fue encomendada. La palabra administración no es una palabra más, administración significa “Planificar”, “Organizar”, “Dirigir” y “Controlar”, curiosamente palabras extrañas a nuestros oídos que escuchamos solamente en períodos de campaña y luego olvidamos entre refuerzos resonantes, resultados deportivos y promesas incumplidas. Si hay algo que los dirigentes argentinos no hacen es administrar, porque la planificación se cae a pedazos por dos partidos perdidos y una pelota en el palo, la organización está ausente desde los clubes y desde la misma AFA, la dirección se concentra en calmar al hincha y el control se acomoda para cubrirse mutuamente de acciones que son tan corruptas como generalizadas.
Los hinchas son el segundo componente y no dejan de tener su parte en esta historia. Cuando decía anteriormente que focalizar culpas no sirve de nada es porque justamente favorece que nos olvidemos de responsables. Cuando se focalizan las culpas de los hinchas en los llamados “barrabravas” nos olvidamos que nosotros, los hinchas sanos del fútbol, también colaboramos aún sin intención en el deterioro de nuestras instituciones. Los hinchas no sabemos exactamente lo que queremos y ese mensaje es el que recogen nuestros dirigentes. Pedimos instituciones con economías sanas, desarrollar las inferiores, promover las acciones sociales, incorporar nuevas actividades e incorporar a la familia a la vida del club, pero una pelota en el palo o dos partidos perdidos parecen prevalecer y terminamos pidiendo la cabeza de todos los que estén a mano. Los hinchas sanos somos los que muchas veces nos creemos en el derecho de insultar a jugadores, de agredirlos e increparlos. Un jugador puede tener un desempeño bueno, malo o regular en la cancha. En cualquiera de los casos no merece jamás la constante falta de respeto a la cual los sometemos.
Los jugadores son el tercer componente y son los protagonistas. Son ellos los que en definitiva pueden meter la pelota en el arco rival o impedir que entre en el arco propio. Son los que nos regalan (cada vez menos) gambetas, lujos y goles, pero no dejan de ser trabajadores y como tales dependen del funcionamiento de toda la institución en la cual se desempeñan.
El cuarto componente es el organismo de control, en este caso la AFA. En realidad la asociación encabezada por Don Julio Grondona se merece páginas y páginas, pero para resumirlo podemos decir que quien tiene la responsabilidad del “control” hoy es el principal responsable del “descontrol”. Los clubes mueven millones de dólares año tras año y demostraron que si se los deja a su libre albedrío terminan en un verdadero desastre. Las decisiones en los clubes muchas veces pasan por el presidente y una comisión directiva cómplice. Dejar el destino de tanto dinero a un grupo de personas con procedencia, ética y preparación dudosa solo se explica si esta situación es funcional a los objetivos del organismo de “descontrol” y justamente eso es lo que pasa. A medida que los clubes se hunden más poder le dan a la AFA y más dependientes son de sus decisiones y de su “ayuda”. El resultado es el que estamos viendo.
Hay un quinto componente y creo que es el más ausente en todo esto: La educación. Al fútbol lo conforman las personas y si ellas carecen de educación no hay oportunidades de mejora. Los incidentes que vimos en el Monumental no fueron todas obras de barrabravas, había hinchas comunes, mujeres y adolescentes rompiendo su propio patrimonio. Los organismos de seguridad son absolutamente ineficientes, pero el verdadero problema no es de seguridad, es de educación. Si nosotros somos educados los incidentes que vemos todas las semanas en las canchas serían sólo hechos puntuales, esporádicos y absolutamente controlables.
El domingo fue una jornada muy particular y algunos se alegraron por la caída de un grande. Yo personalmente me quedé frío y muy preocupado, porque todo lo que llevó a River a tan dolorosa caída lo veo en mi club y en muchos otros. Dicen que en ocasiones las crisis representan oportunidades y esta es una de esas ocasiones. Lo cierto es que para aprovecharla debemos exigir una reestructuración de raíz, una solución integral. No nos debemos apurar por volver a ver la pelota rodando, porque por este camino de lo último que hablamos es de la pelota. Yo quiero volver a hablar de tácticas, de goles, de errores defensivos, de talento y del partido del domingo. Hoy los temas son los arbitrajes, los hechos de violencia, las canchas a puertas cerradas, los balances, los pasivos, las deudas, las auditorias y los actos de corrupción. Nos quieren hacer creer que, como somos parte de una sociedad que está enferma, el fútbol no puede aportar soluciones. Es al revés, el fútbol es un fenómeno social y como tal puede dar el puntapié inicial para buscar una solución mucho más amplia.
Si estás leyendo a esta altura de la nota es porque en algún punto pude captar tu interés y compartimos una indignación que nos entristece. Puede parecer que siempre decimos lo mismo y que repetimos sin sentido siempre las mismas palabras. Espero alguna vez podamos convencernos de que el problema es grande y complejo así de una vez por todas podamos afrontarlo como tal. Ojalá en un tiempo los domingos volvamos a hablar de fútbol y mis notas hablen de fútbol. Es el sueño de todos los que amamos el deporte.

martes, 21 de junio de 2011

¿Quién es el rival de River?



Estamos a horas de un partido histórico en el que River Plate, uno de los equipos más grandes de la Argentina se juega su historia al enfrentar cara a cara la posibilidad del descenso. Su rival, Belgrano, está en el centro de las miradas de los medios de todo el país como pocas veces lo estuvo en los últimos años.
Para nosotros los cordobeses no es extraño ver a Belgrano en estas instancias, conocemos a la perfección sus virtudes y sus defectos, las ha ido mostrando a lo largo de su larga historia. Los medios televisivos bonaerenses parecen estar ante la presencia de un equipo desconocido y al escuchar sus apreciaciones me surgió la necesidad de presentarles a este grande cordobés.
Belgrano, junto con Talleres, es uno de los dos equipos más populares de la provincia. Su historia está llena de estas instancias. Le tocó alguna vez perder una final contra su clásico rival y semanas más tarde sobreponerse y lograr el ascenso.
Como consecuencia de sus malos manejos dirigenciales, como muchos debió enfrentar la quiebra y su posterior gerenciamiento. Después de un comienzo con muchas dudas, toma el mando Armando Pérez y comienza un proceso de saneamiento, transparencia y seriedad. Se apostó por las divisiones inferiores, se les dio lugar en el primer equipo y se reforzó el plantel en la medida justa, con presupuestos equilibrados y objetivos claros. Estos procesos llevan tiempo, el ascenso se le viene negando, pero uno puede notar en sus hinchas una sensación de satisfacción y optimismo impensada hace unos años atrás. Aquellos que lo miramos desde afuera, sin sentimientos involucrados, estamos de acuerdo y deseamos que el resultado consagre el trabajo serio.
Este campeonato el equipo llegó a la última posición del Nacional B. En ese momento, pensar que el ascenso iba a ser una posibilidad sonaba como una utopía, pero tratándose de Belgrano las utopías son posibles, es su característica.
La llegada de Ricardo Zielinski le dio un aire fresco y con un juego aguerrido, simple y consciente de sus limitaciones llegó al objetivo de la promoción. Cuenta con jugadores de experiencia, que conocen la categoría y este tipo de instancias. Mariano Campodónico es el amuleto del ascenso, sabe lo que es ascender con Belgrano y con muchos otros equipos, parece que para ascender es condición tener a Campodónico en el plantel. Si bien alterna titularidad y suplencia, el goleador está y es siempre una alternativa.
El “picante” Pereyra es un jugador peligroso, veloz, inteligente y con gol. Nada más amoldado a la realidad de un River empapado en desesperación.
Olave, desde el arco transmite personalidad y voz de mando. Otro que de ascensos conoce y está en un buen momento.
Franco Vázquez es quizá su principal figura y quien aporta la cuota de buen pie y talento. Casualmente en otra promoción, contra Racing, muchos se vieron sorprendidos en aquel momento con otro pirata, Matías Suárez, que luego emigró al fútbol belga en donde se mantiene con muy buenas actuaciones. Hoy Franco Vázquez es el jugador a observar, tiene todo para sorprender.
No esperen en el celeste un equipo lírico y lleno de individualidades, pero tampoco un equipo tímido y superado por la circunstancia. Belgrano es justamente la clase de equipos contraindicados para enfermos terminales como River, uno que sabe a qué juega y deja la vida en la cancha. El equipo cordobés conoce sus debilidades y va a tratar de evitar que el juego pase por ellas, River es un mar de debilidades y la mental es la más peligrosa.
El resultado de esta historia es incierto, el fútbol es incierto y pocos podemos asegurar un desenlace. River es un grande de la Argentina, Belgrano es un grande de Córdoba y del interior del país. Todo está dado para que veamos un partido atractivo, que explota de emociones. Personalmente espero que le agreguen una cuota de buen fútbol y que todo se de en paz más allá de los resultados finales. Si eso se concreta estoy seguro que lo vamos a disfrutar, más allá de las camisetas y de las pasiones que nos invadan.

sábado, 18 de junio de 2011

El goleador que no fue.


Se termina un nuevo campeonato en el fútbol argentino, con situaciones curiosas, polémicas y muchas emociones, de las malas y las buenas. El mundo Boca pudo despedir a su máximo goleador, el gran Martín Palermo. Escribir sobre este asesino de redes no tendría mucho sentido y mis apreciaciones no agregarían nada nuevo. Por eso me voy a cruzar de vereda, hacia Núñez, y voy a recordar a un jugador exquisito, que por cuestiones del destino no pudo ser el goleador que todos esperamos.
Allá por 1999 debutaba Fernando Ezequiel Cavenaghi y rápidamente se transformó en una de las figuras del fútbol argentino. Los que más allá de las camisetas disfrutamos su clase y sus definiciones siempre sutiles no dudábamos en que el 9 de la selección para él era sólo una cuestión de tiempo y de madurez. En River brilló y tras 5 años cambió su destino hacia las frías tierras rusas, al Spartak de Moscú. Los que lo admiramos nos quedamos con un sabor amargo, el “Torito” tenía otro nivel, prometía seguir los pasos de otros goleadores riverplatenses como Hernán Crespo o Javier Saviola. Los dólares rusos pudieron más y nos alejaron del talento de una de las promesas más destacadas de nuestro fútbol por dos años. Cuando se que decía su ciclo en Moscú se había terminado todos nos dijimos que era el momento de dar el salto hacia una liga de primer nivel y que ahí iba a poder demostrar todas sus cualidades, pero apareció el Bordeaux, la Liga Francesa y su paso por el fútbol galo tuvo sinsabores porque arrancó con todo pero terminó en el olvido sentado en el banco de suplentes, demasiado talento derrochado. El Mallorca le dio finalmente la bienvenida a la Liga Española que sólo lo pudo disfrutar por 8 partidos, no llegó ni siquiera al número que marcaba su camiseta, el 10. Hoy lo vemos en el Inter de Porto Alegre, con poca continuidad y yo me pregunto siempre por qué Cavenaghi nunca llego a ser aquél goleador que nos prometió a fuerza de talento. Oportunidades tuvo, condiciones también. ¿Será que el fútbol no le perdonó nunca haber errado su destino allá por 2004 cuando estaba en su mejor momento y era pretendido por los mejores clubes de Europa? Lo cierto es que Europa no le sentó bien, River siempre fue su casa, pero nunca más volvió.
Arranqué la nota nombrando a Martín Palermo y no es casualidad, el titán tampoco tuvo un gran desempeño por suelo europeo, pero supo cuándo volver a su casa, se reencontró con el calor de su gente. El “Torito” todavía tiene el crédito abierto y seguramente River lo espera con ansias.
Se termina un nuevo campeonato y nuestro fútbol extraña cada vez más al selecto grupo de definidores exquisitos del cual Fernando supo ser parte. Sus 27 años nos dicen que todavía puede ser ese goleador efectivo, letal, pero por sobre todas las cosas muy vistoso. Después de todo dicen que lo que el fútbol te quita a la larga te lo devuelve y si hoy nos quitó a un animal del área como Palermo quien dice que no nos devuelva otro con la banda roja cruzada al pecho. En el fútbol los tacos, las gambetas y los sombreros son los que se llevan todos nuestros aplausos, pero cuando la pelota llega al área siempre es bueno tener un señor elegante que le presente a su eterna enamorada, la red.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Sin Rumbo

Mis primeros 29 años de vida mantuvieron una característica casi inalterable, la pasión por el fútbol. El fútbol argentino durante esos 29 años también presentó una característica inalterable, la presencia de Julio Humberto Grondona, un personaje polémico, acusado en miles de oportunidades pero inmutable en el poder. Todo en nuestro fútbol gira alrededor de “Don Julio”, ninguna decisión se toma sin su consentimiento y el resultado cada vez se aparta más de un rumbo coherente.
Los tiempos que vive AFA son turbulentos como nunca me tocó ver antes, las fallas son groseras y generales. Ya la discusión no pasa por la designación de un DT, ni por el sistema de disputa de los torneos ni por los promedios, temas importantes que hoy son sólo partes de un problema mayor alimentado por la existencia por primera vez en mucho tiempo de un contendiente que ataca con las mismas armas. El surgimiento de Daniel Vila, discutido empresario, puso al descubierto una realidad que todos conocíamos, pero que se callaba. Empezamos a escuchar casos de sobornos en arbitrajes, casos de doping ocultos, arreglos dirigenciales y una alarmante discrecionalidad en el manejo de fondos que sólo favorece a clubes obsecuentes, o mejor dicho a dirigentes obsecuentes porque los clubes son los más perjudicados.
Los clubes se endeudan, ofrecen sueldos millonarios por jugadores que no reflejan su valor en el campo de juego, se cierran acuerdos con empresarios que vacían divisiones inferiores y actúan como “usureros deportivos”. Pero no importa, la AFA todo lo tapa con dinero fresco que no hace más que comprar más y más obsecuencia. En un país serio, la AFA sería un organismo de control encargado de prevenir estos comportamiento y velar por la salud de los clubes a través de un marco regulatorio serio, coherente, oportuno e integralmente aplicable. Hoy, el marco regulatorio no es ni más ni menos que “lo que Don Julio diga”.
Los arbitrajes avivan el fuego. Todos los fines de semana vemos errores que de polémicos ya no tienen nada, de groseros tienen todo. Luego escuchamos declaraciones de ex colegiados reconociendo una mafia arbitral, arreglo de partidos y favoritismos predeterminados. Hace unas semanas el ex árbitro Juan Bava contaba en ESPN cómo, en su condición de hincha de Boca favoreció al club de la rivera, cómo en un partido cobró un penal y cuando los jugadores no acataron la decisión siguió el partido sin hacer nada. El ex hombre de negro explicaba de compensaciones y todo con la risa cómplice de los conductores del programa de turno. La verdad a mi no me dio risa, me dio una pena y una vergüenza enorme. La AFA no desconoce esta situación, es cómplice, y lejos de controlar y sancionar consiente y alienta este tipo de comportamientos.
La violencia es otro de los focos sin solución, la propuesta de AFA (reactiva, nunca proactiva) es cerrar estadios, jugar con público local y desviar culpas hacia la policía y la justicia. Deberían ya saber a estas alturas que los violentos no distinguen de camisetas, que son mafias organizadas y que son capaces de tirar una piedra en una cancha u otra, nada se gana con suspender un estadio sino dar la sensación de estar “tomando medidas”, los resultados no le dan la razón al organismo máximo de nuestro fútbol. Otra vez, en lugar de controlar, planificar y sancionar, el comportamiento es cómplice.
Hace unos días, las palabras de Diego Armando Maradona, como siempre, encendieron la mecha sobre un supuesto caso de Doping encubierto sobre aquella recordada serie de Argentina con Australia por el pasaje al Mundial de USA 94. Grondona reconoció la situación diciendo que intentaba proteger a Maradona. Sí, eso dijo, increíblemente reconoció la situación como si no pasara nada. En cualquier país serio, eso sería motivo más que suficiente para que este personaje renuncie y la justicia lo investigue. Difícilmente esto suceda con el número dos de FIFA.
El surgimiento de Daniel Vila no me deja más tranquilo. Es saludable que se ponga el tema sobre la mesa, pero estoy cansado de elegir la opción menos peor. La solución debe partir de nosotros, que debemos exigir a nuestros dirigentes que se comporten como tales y no como simples punteros políticos del inmutable Julio Grondona. Después de todo hoy tenemos “Fútbol para Todos”, pero cada vez tenemos menos ganas de ver este fútbol y nos alejamos del deporte que amamos.  Espero que mis próximos años me permitan disfrutar mucho más de esta hermosa pasión que es el fútbol.




martes, 10 de mayo de 2011

¿Qué queremos de nuestros clubes?



Si hay algo en lo que todos los hinchas del fútbol argentino estamos casi todos de acuerdo es que la gestión de los dirigentes en todos los ámbitos de nuestros clubes presenta muchísimas falencias, a veces irrecuperables. Los socios votan una propuesta y rápidamente empiezan a ver que los elegidos toman caminos diferentes al que prometieron transitar. Es usual en las campañas políticas escuchar palabras como “proyecto”, “largo plazo”, “desarrollo de divisiones inferiores”, “recuperar la historia del club”, “poner al club en el lugar del que nunca debió haberse ido”, etc. Creo que todos coincidimos en que estas cuestiones deben orientar una gestión. En ese sentido para un candidato resulta demasiado fácil hacer foco en esos aspectos y combinarlos con dos o tres frases populares. Esto sumado a la compra de apoyo por parte de los barras garantiza el éxito en las elecciones. En definitiva, las palabras las pueden usar todos y el futuro político del club es definido por acuerdos que a la larga se pagan a precios demasiado elevados. A veces nos preguntamos por qué los barrabravas siguen en los clubes y los dirigentes no hacen nada por frenarlos, bueno, ahí tienen una parte de la respuesta, los necesitan porque no tienen otra manera de ganar peso político, resulta más fácil eso antes que gestionar honesta y responsablemente. Pero claro, los barras son minoría entre los socios, los demás son los que pueden marcar la diferencia, pero para ello deben tener en claro una idea de club, una idea del perfil de dirigente que buscan y las acciones que van a requerir de ellos. El socio no se debe quedar en las palabras alentadoras que abundan en una campaña. Primero el hincha debe ponerse de acuerdo en el proyecto de club que quiere y qué tiempo está dispuesto a aguardar por la concreción de ese proyecto. Los clubes argentinos están en una crisis dirigencial muy profunda y el cambio a realizar para torcer el rumbo debe ser igual de profundo, y eso lleva mucho tiempo, muchas acciones, muchos sacrificios y mucha pero mucha coherencia. Los objetivos están planteados, debemos definir cómo queremos lograr esos objetivos y preguntarle a quienes dicen estar en condiciones de ejecutar los planes adecuados cómo piensan hacerlo, con qué recursos, en qué plazos, cómo van a reaccionar ante situaciones adversas que seguro van a venir, cómo piensan informar y mostrar los avances y qué grado de compromiso tienen con el futuro de la institución que van a gestionar. Eso es mucho más difícil de responder y es lo que nos va a dar pautas claras para luego saber si nos están mintiendo o si están cumpliendo realmente con el proyecto. La participación y tolerancia de los socios y el hincha en general es clave. Estos procesos son difíciles, pero a la larga nos terminan inundando de una satisfacción enorme, la de ver nuevamente a nuestros clubes en una realidad positiva, saludable y que esto sea sostenible en el tiempo. Estos procesos requieren claramente de acciones y planes a corto, mediano y largo plazo, todo debe estar articulado y el compromiso debe darse en todos los niveles del club.
A nivel AFA vemos lo mismo, con la diferencia que aquellos que elegimos para representarnos parecen apichonarse cuando llegan ante el máximo responsable de nuestro fútbol. ¿Tienen miedo a represalias? Que denuncien públicamente cuando eso suceda, que luchen contra ese sistema, el hincha jamás se los va a reclamar porque quiere un cambio y esto es clave en ese cambio.
Es lindo ir a ver a nuestro equipo los fines de semana, es lindo analizar los partidos y cuando las cosas no salen en la cancha es saludable que el hincha opine y debata sanamente, pero el compromiso del hincha debe ir mucho más allá y velar porque su club sea manejado responsablemente, con honestidad, transparencia, capacidad y coherencia. El deterioro es cada vez más grande y ya muchos nos encontramos cansados de ver lo mismo semana tras semana, año tras año y no ver un cambio. Somos muchos los que nos alejamos lentamente del fútbol por todo este marco desastroso que lo rodea y es una lástima porque es una de las pasiones más hermosas, capaz de eliminar diferencias y capaz de sacar lo mejor y lo peor del ser humano. Por ahora sólo está sacando lo peor. Empecemos a hacer resurgir todo lo bueno que nos puede dar el fútbol. El camino es largo, pero hay que empezarlo antes de que nos distanciemos definitivamente del deporte que amamos.

martes, 19 de abril de 2011

¿A qué deporte jugamos?



Pasó un nuevo clásico del fútbol argentino, en este caso el de Avellaneda. Clásico, partido singular, casi único, en el que todos se preparan de una manera especial y en el que se olvidan las realidades previas. Partido que se espera desde que empieza la temporada y es el primero que los hinchas miramos cuando conocemos el fixture. Los clásicos sacan un extra de los jugadores y de los hinchas, por eso la presión también se agranda. Los 90 minutos suelen ser intensos, a “cara de perro” como se suele decir. Las cuestiones futbolísticas quedan un poco de lado, el juego no se analiza demasiado y el resultado se explica por la actitud. El que gana seguramente es el que corrió más, el que trabó con más fuerza que el rival y el que siempre agachó la cabeza para ir al frente, alentado por el ruido frenético de su hinchada. El que pierde demostró que los colores le quedan grandes, que no entiende lo que significa la historia de este tipo de partidos, que le da lo mismo ganar que perder, que no pueden jugar más con la camiseta del equipo que representan. El clásico marca siempre un antes y un después. Causas y argumentos sobran y escuchamos de todo tipo, pero normalmente no tienen nada que ver con el deporte que se juega. Esto ocurre, con menor intensidad en el resto de los partidos y generalmente va marchando al ritmo del resultado. Cuando se gana tampoco se gana por tocar la pelota mejor que el rival sino por personalidad, por destreza física, por actitud y muchas otras cosas, menos con el uso de la redonda.
El hincha de fútbol no solamente alienta, sino que evalúa y exige, reclama de sus jugadores “algo”. Es casi un denominador común en todos los clubes que ese “algo” tenga un sinónimo automático que se traduce en la palabra “huevo”. Así, todos los fines de semana vemos como 22 jugadores corren atrás de una pelota para recuperarla, y cuando la tienen no saben qué hacer con ella, sino que la patean para adelante para que la línea de delanteros haga “algo” con ella. De esa manera tenemos delanteros corredores que cuando llegan al área se enfrentan al arquero y no saben cómo ni cuándo definir. El que intenta jugar a la pelota, normalmente tira una pared y recibe un ladrillo como respuesta. Eso sí, el que se la devolvió corrió los 90 minutos y se va aplaudido. El que quiso tirar la pared no tiene ese “algo”, o léase no tiene “huevo” y se va silbado. Cuando el partido se pierde no se busca explicación en el simple jueguito de pasarse la pelota entre compañeros sino en cuestiones físicas, anímicas, de sistema, de personalidad y vaya a saber cuántas otras cuestiones más que resultan secundarias al momento de analizar el principal factor que explica un resultado: “El fútbol”. Si, el mismo nombre indica de qué se trata este deporte, el mismo nombre indica qué es lo más importante. Si tenés el fútbol y lo sabés usar, lo más probable es que ganes el partido. No hace falta defenderse con 11 jugadores, ni atrasar las líneas en forma exagerada, ni correr sin sentido atrás de la pelota. Si la tenés marcás diferencia. Entonces, ¿Por qué cuando un equipo pierde lo primero que se reclama es actitud? No hay dudas que es un factor importante, como también lo es la preparación física o los conceptos tácticos, pero no son los factores fundamentales, en un deporte en el que la actitud por sí misma no alcanza ni por asomo.
En el fútbol no hay recetas que garanticen un resultado. Hasta ahora probamos reclamando hasta el hartazgo actitud, personalidad y “huevo” sin muchos logros. Si reclamamos con el mismo énfasis que nuestros jugadores toquen bien la pelota, jueguen con inteligencia, generen movilidad, miren el arco del frente y sean agresivos a la hora de atacar, tengo la plena seguridad de que los resultados serían mejores. Pero nadie tiene certezas, y me puedo equivocar. Si eso ocurre por lo menos habremos visto un mejor espectáculo, mas entretenido y vistoso. Después de todo en este deporte gana el que mejor juega, no el que tiene más cara de malo.

jueves, 14 de abril de 2011

Selecciones F.C.


La globalización es una realidad. Todos los días escuchamos una y otra vez hablar de este fenómeno que abarca y condiciona casi todos los aspectos de la sociedad en que vivimos. El fútbol no es la excepción, se abren mercados que antes no existían y hoy es cada vez más común ver en un plantel jugadores de nacionalidades tan variadas como exóticas e impensadas tiempo atrás. Equipos como el Inter de Milán están conformados casi por completo de jugadores extranjeros. A nivel clubes la “globalización” del fútbol es una realidad y difícilmente se pueda revertir, por lo menos en un corto plazo. En ese sentido la política de las instituciones debe respetarse, ya sea a la hora de abrirse o cerrarse a este fenómeno. Pero a nivel selección la historia es diferente. Lo que se pone en juego es la pasión y el orgullo nacional. Históricamente existieron casos de jugadores representando a países diferentes al que los vio nacer. Basta citar a Distéfano que vistió la camiseta argentina y española, o más cerca en el tiempo a Mauro Camoranesi quién se consagró campeón del mundo con Italia. Hoy vemos como jugadores de países históricamente “fuertes” como Argentina y Brasil, al ver limitadas las posibilidades de vestir la camiseta de su selección natal, obtienen la nacionalidad de otros países sólo para poder cumplir su sueño o deseo de jugar a nivel internacional o poder disputar un mundial. Un caso reciente es el de Néstor Ortigoza o el de Lucas Barrios, que representaron a Paraguay en la última copa del mundo sin siquiera haber jugado en el país guaraní. Por su parte México suele utilizar jugadores extranjeros que llevan un tiempo disputando la liga local. En otros casos hasta se ofrecen incentivos económicos para convencer a los futbolistas.
En este contexto me pregunto si no es momento de poner un freno antes de que el fútbol de selección pierda la identidad nacional y se convierta en un negocio en el que los traspasos de jugadores se transformen en moneda común. Sería bueno que tomáramos el ejemplo de lo que ya ocurrió a nivel clubes y tratemos de conservar esa pasión que sentimos cuando nuestra selección entra a la cancha. El fútbol de selección es el único que nos une como país, es el único que nos representa a los millones de compatriotas que alentamos a morir, el único que permite que en una cancha todos alienten para el mismo lado, a la misma camiseta. De mi parte me encantaría que el jugador que represente a mi país sea aquél que sueña con ese momento desde el día en que empezó a patear una pelota, que cuando le pregunten de chiquito cuál es su sueño conteste jugar en LA Selección, no en UNA Selección.
El fútbol y el deporte en general son los únicos capaces de convertir en sana y saludable una rivalidad entre países. Después de todo, un argentino quiere ganarle a los brasileros, no a un conjunto de jugadores que visten la verde amárela. Por suerte la Selección Argentina hasta el momento se mantiene al margen de este fenómeno, pero sólo porque estamos en una tierra de abundancia de futbolistas. Ojala los dirigentes de FIFA se encarguen de regular esta situación antes de que el fútbol de selecciones se termine de convertir en negocio, como ya parece que comenzó hacerlo. No se trata de nacionalismo ni racismo, los jugadores de los países hermanos tienen las puertas abiertas. El fútbol nos va a seguir uniendo en una cancha, aún cuando vistamos camisetas diferentes.