jueves, 14 de abril de 2011

Selecciones F.C.


La globalización es una realidad. Todos los días escuchamos una y otra vez hablar de este fenómeno que abarca y condiciona casi todos los aspectos de la sociedad en que vivimos. El fútbol no es la excepción, se abren mercados que antes no existían y hoy es cada vez más común ver en un plantel jugadores de nacionalidades tan variadas como exóticas e impensadas tiempo atrás. Equipos como el Inter de Milán están conformados casi por completo de jugadores extranjeros. A nivel clubes la “globalización” del fútbol es una realidad y difícilmente se pueda revertir, por lo menos en un corto plazo. En ese sentido la política de las instituciones debe respetarse, ya sea a la hora de abrirse o cerrarse a este fenómeno. Pero a nivel selección la historia es diferente. Lo que se pone en juego es la pasión y el orgullo nacional. Históricamente existieron casos de jugadores representando a países diferentes al que los vio nacer. Basta citar a Distéfano que vistió la camiseta argentina y española, o más cerca en el tiempo a Mauro Camoranesi quién se consagró campeón del mundo con Italia. Hoy vemos como jugadores de países históricamente “fuertes” como Argentina y Brasil, al ver limitadas las posibilidades de vestir la camiseta de su selección natal, obtienen la nacionalidad de otros países sólo para poder cumplir su sueño o deseo de jugar a nivel internacional o poder disputar un mundial. Un caso reciente es el de Néstor Ortigoza o el de Lucas Barrios, que representaron a Paraguay en la última copa del mundo sin siquiera haber jugado en el país guaraní. Por su parte México suele utilizar jugadores extranjeros que llevan un tiempo disputando la liga local. En otros casos hasta se ofrecen incentivos económicos para convencer a los futbolistas.
En este contexto me pregunto si no es momento de poner un freno antes de que el fútbol de selección pierda la identidad nacional y se convierta en un negocio en el que los traspasos de jugadores se transformen en moneda común. Sería bueno que tomáramos el ejemplo de lo que ya ocurrió a nivel clubes y tratemos de conservar esa pasión que sentimos cuando nuestra selección entra a la cancha. El fútbol de selección es el único que nos une como país, es el único que nos representa a los millones de compatriotas que alentamos a morir, el único que permite que en una cancha todos alienten para el mismo lado, a la misma camiseta. De mi parte me encantaría que el jugador que represente a mi país sea aquél que sueña con ese momento desde el día en que empezó a patear una pelota, que cuando le pregunten de chiquito cuál es su sueño conteste jugar en LA Selección, no en UNA Selección.
El fútbol y el deporte en general son los únicos capaces de convertir en sana y saludable una rivalidad entre países. Después de todo, un argentino quiere ganarle a los brasileros, no a un conjunto de jugadores que visten la verde amárela. Por suerte la Selección Argentina hasta el momento se mantiene al margen de este fenómeno, pero sólo porque estamos en una tierra de abundancia de futbolistas. Ojala los dirigentes de FIFA se encarguen de regular esta situación antes de que el fútbol de selecciones se termine de convertir en negocio, como ya parece que comenzó hacerlo. No se trata de nacionalismo ni racismo, los jugadores de los países hermanos tienen las puertas abiertas. El fútbol nos va a seguir uniendo en una cancha, aún cuando vistamos camisetas diferentes.

miércoles, 13 de abril de 2011

Los límites de la redonda.




Esta semana se dieron dos hechos que me llevaron nuevamente a pensar sobre el papel de los futbolistas, sus obligaciones, responsabilidades y límites. Los dos casos son muy diferentes, por antecedentes y por consecuencias para sus protagonistas, al igual que por el tratamiento y la exposición que tuvieron en los medios.
El primero es el del Burrito Ortega y su reconocida adicción que tantos problemas le ocasionó y en la que a veces nos olvidamos que el único o mayor perjudicado es él mismo. Cada ausencia de Ariel a las prácticas es una noticia instantánea en los noticieros, deportivos o no deportivos, y empiezan las especulaciones, los análisis, se buscan culpables, se aconsejan tratamientos y se debate sobre el comportamiento ético/responsable del jugador, siendo la principal preocupación si Ortega debe o no seguir jugando al deporte que lo hace feliz. Los hinchas nos disfrazamos de psicólogos y médicos, en seguida determinamos qué es lo mejor y los periodistas también hacen su parte. Sin embargo hasta el momento no escuché la palabra de profesionales capacitados en el tratamiento de un problema tan complejo. Tenemos que aprender que Ortega es, primero una persona y recién después jugador de fútbol, primero está su vida, su salud, su familia, su felicidad y sólo recién estamos los hinchas, los periodistas, los técnicos, los compañeros de equipo y los dirigentes. Debemos de una vez por todas entender que no sabemos todo de todo, que no somos expertos en cualquier materia y que no tenemos que opinar siempre, que el fútbol es un deporte hermoso, pero lo juegan los hombres, y que el deporte queda a un lado cuando lo que importa es la persona.
El otro caso es el de Matías Defederico. Hace dos días en mi cuenta de Twitter me encontré con que se despedía de sus seguidores, me sorprendió porque es un jugador que siempre se muestra abierto, no solo a los hinchas de su club sino al ambiente del fútbol en general. Comencé a investigar y me encontré con una sorpresa. Se le reclamaba una salida de un sábado por la noche estando lesionado. Leí una y otra vez la palabra responsabilidad y me volví a preguntar desde qué lugar se le reclamaba. Traté de pensar y creo que no conozco a una sola persona que no pueda disfrutar de una salida luego de cumplir con sus obligaciones laborales. Es increíble el sentido de posesión que muchas veces tenemos para con los jugadores, a tal punto que parece necesario que nos tengan que pedir autorización para disfrutar de sus momentos de descanso. Aún cuando el jugador entre en falta e incurra en un acto de irresponsabilidad no nos corresponde a nosotros “sancionarlo” ni juzgarlo, para eso están el DT y los dirigentes, quienes determinarán las acciones que crean correctas y pertinentes al caso en cuestión.
Los dos casos son extremadamente diferentes, pero tienen algo en común, nos seguimos involucrando en la vida privada de los jugadores y lo hacemos desde el desconocimiento y la hipocresía de reclamarles algo que nosotros mismos no somos capaces de cumplir. Creemos que por ser hinchas tenemos el derecho a reclamarles, increparlos, insultarlos y hasta amenazarlos en muchos casos, solo por el hecho de vestir la camiseta que nosotros decimos amar. Los periodistas muchas veces justifican este comportamiento y hasta muchos jugadores parecen avalar este tipo de cuestiones ya que “el hincha paga la entrada y alienta siempre”. Me parece que nos equivocamos, no somos jefes ni propietarios de nadie.
Nunca nos olvidemos que aún cuando el fútbol ocupa un lugar importante para todos los que disfrutamos de este juego, los que entran a la cancha son primero personas, miembros de familia, luego trabajadores que viven de su actividad y solo recién son futbolistas. Respetemos su intimidad, critiquemos el juego y opinemos del deporte que nos apasiona.

lunes, 28 de marzo de 2011

Nuevo sistema de clasificación a las copas. ¿Una buena noticia?








Se conoció en estos días el nuevo sistema de clasificación a torneos internacionales para equipos argentinos y la medida tuvo una generalizada aceptación, ya que resulta en principio saludable que la competición continental se abra a más equipos. No obstante hay algunos aspectos que no podemos dejar de analizar y que a priori me generan cierta inquietud. En nuestro continente las opciones son dos: Copa Libertadores y Copa Sudamericana, dos competiciones semestrales que se disputan en momentos diferentes del año, una en cada mitad. A mi se me plantean algunos interrogantes y me gustaría responderlos antes de dar mi opinión sobre la decisión.
El plantel con el cual se va a afrontar el año futbolístico se arma en el receso de invierno y se refuerza en el verano. Si un club va a disputar una copa va a necesitar un plantel más amplio y seguramente se reforzará en cantidad y calidad de jugadores. En un semestre con muchos partidos seguramente habrá rotación, lesiones y si se obtienen los resultados esperados el aprovechamiento del plantel va a ser óptimo en ese semestre. Pero nuestro fútbol cuenta con una realidad, pocos equipos tienen planteles propios y desarrollo de divisiones inferiores, entonces apelan a “alquilar” jugadores. El problema es que los jugadores normalmente se “alquilan” por un año, pero la competencia doble la vamos a tener en un solo semestre, el resto del año nos van a sobrar jugadores, perjudicando más la ya pobre economía de las instituciones del fútbol argentino. Algunos me dirán que el nuevo sistema se asemeja al de España o la mayoría de las ligas europeas y allí funciona perfecto, es cierto, pero por esos lados el sistema se aplica ante competencias simultáneas (Champions League y Europa League) con torneos locales anuales, sin la presión permanente del promedio y con clubes mucho más poderosos desde lo económico. Entonces ¿Estamos realmente tomando un sistema y adaptándolo a nuestra realidad o simplemente estamos parchando un sistema defectuoso? Alguno me dirá que los clubes tienen la opción de contratar jugadores por 6 meses, pero ¿Realmente un jugador puede amoldarse a un equipo en ese período o tendremos que esperarlo 3 para que se ponga a punto y para cuando lo esté quizá ya no lo necesitemos? En mi opinión los clubes van a terminar ahondando en su crisis de proyectos.
Hay cambios que son necesarios pero si no se realizan en conjunto pueden tener el efecto exactamente opuesto al que se busca obtener. Me parece muy bueno que los clubes que disputan uno y otro torneo no sean los mismos, que clasifiquen por puntos, que se priorice a los anteriores campeones, que todos tengan las mismas chances de disputar este tipo de torneos sin limitarnos a un grupo de equipos “grandes”, pero debe hacerse en un contexto diferente. Por un lado es importante contar con torneos locales anuales para que aquellos equipos que no cuenten con grandes presupuestos no tengan que verse en la disyuntiva entre endeudarse o tener que elegir entre copa y descenso, sin sistema de promedios para que no tengan que “pagar” por malas campañas pasadas. Desde la dirigencia del fútbol continental deberían plantearse competiciones anuales y simultáneas, de modo de no cargar la agenda de partidos y que no sea necesario tener dos planteles para hacer un papel digno que muchas veces ni se consigue.
Hace tiempo que se pedía un cambio y es buena señal que empiecen a proponerlos y aceptarlos, pero hay que hacer los cambios inteligentemente para que realmente cumplan su objetivo y no se queden simplemente en medidas incompletas que lejos de ayudar pueden ocasionar aún mayor daño. Desde mi postura (algunos la compartirán y otros tendrán una posición diferente), no critico la medida, la aplaudo, pero me parece que no se la implementa en el contexto adecuado. En realidad, si lo pensamos bien, el contexto que rodea a nuestro deporte por estos lados tiene muy poco de adecuado. Espero equivocarme y que todos salgan beneficiados con este sistema, yo lamentablemente dudo que así sea. El tiempo dirá

lunes, 21 de marzo de 2011

¿Hasta cuando vamos a estar de luto?








Antes de escribir esta nota pensé en una palabra que defina a aquellos que han perdido por completo el sentido que tiene el valor por la vida. La primera palabra que se me ocurrió fue “locura”. Busqué cuáles son los síntomas de esta patología y lo primero que leí fue “el afectado muestra una conducta que se aparta de la normalidad de una forma determinada”. Me quedé pensando un par de segundos y me di cuenta que el loco soy yo, porque el concepto de “normalidad” se distorsionó tanto que ya nada de lo que creo es normal, ninguna de las cosas por las que lucho y defiendo es normal. ¿Cómo llegamos a esto? Bueno, en realidad estamos viendo la misma película una y otra vez, pareciera no cansarnos nunca. Bueno a mí personalmente me cansó.
Horas después del incidente en cancha de Vélez empezó el reparto de culpas y ahí ya erramos el camino. ¿Cómo hacemos para repartir algo que es de todos? No la repartamos, la compartamos.
Ninguno de los que vamos a la cancha o cualquier espectáculo vamos a negar que la policía muchas veces toma actitudes provocadoras y terminan generando comportamientos violentos, pero nosotros somos o debemos ser lo suficientemente inteligentes como para no entrar en un juego en el que perdemos seguro.
Tampoco podemos negar la intolerancia del hincha que se cree dueño de la vida de los jugadores, dueño del club, dueños de la seguridad, y se siente libre de insultar, defenestrar e increpar a los profesionales que defienden la camiseta que decimos amar.
Los mismos jugadores muchas veces generan situaciones que bien se podrían evitar y que justifican con frases como “uno en el partido tiene las pulsaciones altas” o “lo que pasa en la cancha queda en la cancha”. No señores, lo que pasa en la cancha no queda en la cancha, hace rato que eso ya no es así.
Los dirigentes por su parte no solo niegan vínculos con barrabravas sino que los defienden y los hacen socios de sus negocios, muchas veces hasta los convierten en empleados de seguridad de los clubes. Siempre recuerdo cuando el ex presidente de un club cordobés salía en todos los medios a decir que no conocía a los barrabravas de su hinchada y a la tarde se juntaba con ellos en un bar céntrico, a la vista de todos.
Desde el lado de los medios, sobran los ejemplos de casos en los que se justifican ciertas actitudes. Frases como “es entendible que el hincha insulte, porque paga la entrada” se escuchan permanentemente, se justifica todo, se tilda de picardía cuando un jugador simula o exagera. El fútbol ya no se vive como un entretenimiento, se vive como una guerra.
Periodistas, hinchas, dirigentes, jugadores y barras son actores del mundo fútbol, pero este problema excede ampliamente el deporte, es un problema de la sociedad argentina en conjunto y como tal debemos encararla. No se gana nada quitando puntos a un equipo ni jugando solo con público local, eso es patear el problema y reconocer nuestra propia ineptitud. Ayer mismo, horas después del incidente en Liniers, en el partido Gimnasia de Jujuy - Instituto una bengala impactó contra dos jugadores (uno de cada equipo), increíblemente el partido continuó. El resultado es una anécdota, lo preocupante es que no tenemos más tragedias por mera casualidad.
El año pasado sucedió algo similar en el partido entre Independiente y Defensor Sporting, se elogió la valentía del arquero uruguayo en continuar jugando, una locura. La solución fue suspender la cancha del equipo local, como si los otros estadios tuvieran un escudo protector que impida que un inadaptado tire una piedra.Son solo ejemplos, esto pasa tan a menudo que se volvió normal.
Los responsables nunca pagan, nunca van presos y si lo hacen salen, con suerte, a las semanas dependiendo el impacto mediático del hecho que perpetuaron. Aún si la policía cumpliera su papel deteniendo a los delincuentes, las leyes están diseñadas para que vuelvan a las calles.
Hoy todo el mundo pide soluciones inmediatas. Les tengo noticias, las soluciones inmediatas no sirven ante problemas tan complejos, menos si esperamos que las apliquen aquellos que nos llevaron a esta realidad. ¿Realmente pensamos que Grondona va a elaborar un plan de seguridad en las canchas cuando el mismo tiene complicidad con los barras? ¿Realmente pensamos que los dirigentes van a plantar bandera contra el responsable del fútbol argentino cuando ellos actúan exactamente de la misma manera? ¿Realmente pensamos que los políticos van a dictar leyes que aseguren que los delincuentes se queden adentro cuando los utilizan como banderas políticas? ¿Realmente pensamos que nosotros vamos a hacer algo cuando parece que la educación, el respeto y los buenos valores cada vez nos importan menos? ¿Realmente pensamos que podemos poner límites cuando nosotros vivimos borrándolos?
Lo que debió ser regla se convirtió en excepción. Hoy llama la atención que una hinchada aplauda el gol de un jugador rival, lo “normal” es que deba ir a patear un córner con escudo y protección policial. Basta, por favor, basta de repartir culpas, compartamosla, nos hagamos cargo y exijamos que aquellos que no quieran una sociedad sana de un paso al costado, dejemos de mirar de reojo. Esto no va más. Yo quiero escribir de fútbol, no de seguridad y muerte, ese no el deporte que yo amo. El problema es social, no debemos ser tan miopes de pensar que se limita al fútbol, pero tampoco seamos tan facilistas de justificar los hechos de violencia que empañan a la pelota diciendo que como la sociedad es violenta no podemos hacer nada desde nuestro rol. Empecemos desde el fútbol y vayamos por más. No reclamemos soluciones inmediatas, paremos, pensemos y demos de una vez por todas pasos firmes.

jueves, 10 de marzo de 2011

El valor de las ideas



¿Qué sería de nosotros si no estuviéramos permanentemente aprendiendo cosas? 
 Muchas veces tendemos a creer que sabemos todo y esa sensación se mantiene hasta que nos chocamos con una realidad diferente. Las realidades a veces niegan lo que creemos, lo transforman o lo potencian y en ese sentido el fútbol esta semana me enseñó una cosa más: podemos hablar de tácticas, de estilos, de merecimientos, de justicias e injusticias, pero nada es más importante que una idea y lo convencido que se esté de que ESA es la idea correcta. El fútbol divierte y enseña, todo en 90 minutos.
Después del partido de ida entre Barcelona y Arsenal aquellos que amamos la pelota al suelo y bien jugada nos quedamos esperando descifrar cuál iba a ser la propuesta de dos equipos con realidades diferentes pero con filosofías similares. El resultado fue un Barcelona absolutamente dominador que obligó al club inglés a hacer lo que menos sabe, defenderse sin la pelota. Después del partido hablando con un periodista al cual respeto mucho debatíamos sobre la actitud de los Gunners y hasta qué punto planificó defenderse cerca de su arco. En mi opinión, el Barcelona lo redujo a eso jugando a lo mismo que viene jugando desde hace muchos años y que ya destacamos muchas veces. Entonces, si esa es la receta para ganar ¿Por qué no juegan así todos? La respuesta es, “Porque no todos pueden hacerlo”. El Barcelona tiene algo muy importante en el fútbol, una idea, y todos, desde sus dirigentes, técnico y hasta el último de los juveniles tiene pleno convencimiento de esa idea; eso se vive y a eso juegan.
En el ámbito local jugaba otro Arsenal, el de Sarandí, ante Independiente. El local no cuenta con grandes figuras y apuesta a un fútbol que no a muchos les gusta, es cierto, pero tiene una idea y se aferra a ella. Al frente, Independiente parece haberla perdido hace rato y eso se notó en la cancha. Un equipo fue ordenado, el otro improvisado, uno jugó a lo que sabe, el otro no supo a qué jugar, y el resultado no podía ser otro, goleada para los de Sarandí. En ese sentido la realidad de Independiente nos hace preguntarnos ¿Cómo un equipo puede cambiar tanto en sólo unos meses? ¿Cómo se pasa de ganar un torneo internacional a perder el rumbo definitivamente como vimos hoy contra Godoy Cruz? Cuando buscamos respuestas siempre tendemos a analizar lo que pasa adentro de la cancha y lo separamos de lo que pasa afuera. La comunión de ideas que destacamos en el Barcelona es de lo que carece absolutamente Independiente. La realidad de una institución la forman muchos actores, desde los jugadores hasta los dirigentes, periodistas e hinchas. Cuando todos siguen rumbos separados las ideas desaparecen, se generan conflictos innecesarios, los objetivos se pierden y el apoyo incondicional se transforma en un reproche constante sin distinguir destinatarios. Así las cosas, la mente empieza a funcionar y los golpes duelen el doble, la confianza desaparece y todo se percibe imposible. Cuando se pierde la claridad para pensar se piden cabezas y rápidamente tratamos de encontrar villanos que focalicen todas las culpas. De esa manera pensamos que al eliminar al villano se solucionan todos los problemas y se vuelve a empezar de cero, pero lamentablemente es sólo una ilusión. Los que seguimos la realidad de Independiente vimos pasar a muchos DT, muchos jugadores y muchos dirigentes, la mayoría de ellos sin suerte y algunos con algún logro aislado. Se fueron muchos “villanos” pero los problemas son siempre los mismos. Hoy la realidad marca que se cuestiona al DT (con sus errores y aciertos, muchos o pocos), se cuestiona a los jugadores y se pide la cabeza del presidente del club. Sin emitir juicio de valor sobre ninguno de ellos la experiencia me hace pensar que, aún prescindiendo de todos los mencionados, la historia se volverá a repetir. Para cambiar una realidad tan profunda se tiene que apelar a una idea y volver a creer en ella, creer todos juntos y crecer todos juntos. De nada sirve reemplazar piezas cuando el conjunto no está articulado. Los hinchas tenemos que volver a creer en un club grande, actuar en consecuencia y exigir los dirigentes adecuados. Parafraseando a un gran amigo, “todo está en la cabeza”, una idea es capaz de hacer grandes cosas, pero hay que creerla y defenderla mas aún en los peores momentos. Los caminos no son sencillos, se avanza y se retrocede. Cuando todo un club tiene clara una idea, es mucho más sencillo que adentro de una cancha las cosas salgan como se espera. Eso es justamente lo que el fútbol me enseñó esta semana, y solo en 90 minutos.

lunes, 28 de febrero de 2011

Corazón y pases cortos, por Ezequiel Leone




El histórico fútbol champagne mutó por el histérico fútbol moderno. Pero la estéril disquisición en torno a los modos para conseguir resultados sigue a la orden del día.
Jugar bien o mal es una cuestión de coyuntura. Académicamente, ser inteligente es adaptarse a situaciones nuevas y la cátedra, entonces, interpreta como pensantes a muchos equipos que priorizan el sudor y la firmeza defensiva por sobre el desequilibrio en ataque.
En fin, la esencia del juego debería ser la misma que años atrás. Aunque la preparación y las presiones se han modificado.
Desdeñar desde el paradigma que indica que todo tiempo pasado fue mejor sería simplificar el análisis.
Hoy por hoy, goles son razones. Entonces, Falcioni acierta o se equivoca en sacar a Riquelme dependiendo de la suerte aritmética que corra su Boca frente All Boys; el planteo de Jota Jota López en cancha de Independiente gana prolijidad y pierde esa “extrema cautela” que le había valido críticas un puñado de horas antes. Y continúan las firmas.
La infinita capacidad de Barcelona y los destellos del Arsenal inglés invitan a creer que se puede jugar lindo en medio de la crispación.
El buen fútbol, de todos modos, no requiere exclusividad de Sombreros y Gambetas. Quizás, en la mezcla de corazón y pases cortos exista una receta para acercarse a un ideal imposible.
Los resultados seguirán marcando las tendencias y el fútbol lucirá orgulloso esas ropas. Guste o no, la realidad apremia y no disimula.



** Nota de Ezequiel Leone, Editor de deportes del diario El Argentino. Muchas Gracias por esta excelente nota.

jueves, 24 de febrero de 2011

¿De qué hablamos cuando hablamos de Riquelme?



¿Recuerdan la última vez que se habló de las cualidades futbolísticas de Juan Román Riquelme? Hace mucho tiempo que solamente se habla de él para referirse a escándalos mediáticos dentro y fuera del mundillo Boca. Después de ver y escuchar sobre el tema a modo de “Cadena Nacional” en los distintos medios, futbolísticos o no, uno se queda con la sensación de que el análisis es incompleto y nos olvidamos de lo más importante para el hincha del fútbol: el juego. Riquelme es un jugador exquisito, lo demostró desde que debutó en aquel Boca de Bilardo y que tuvo su máximo esplendor en el equipo multicampeón de Bianchi. No hace falta ser un apasionado xeneise para reconocer que se trata de uno de los mejores jugadores surgidos del fútbol argentino en las últimas décadas. Es dueño de una visión única, inteligente, guapo, con gol, liderazgo y capaz de cambiar un partido con un solo pase. Encontrar todas esas cualidades en un solo jugador es realmente difícil.
A los que amamos el fútbol no se nos olvida aquél partido contra el Real Madrid por la Copa Intercontinental del año 2000. Recordamos como las “estrellas” vestidas de blanco intentaban una y otra vez quitársela, por supuesto sin éxito. Después siguió paseando su magia en Boca y equipos Europeos como Barcelona y Villarreal. En el equipo culé, el entonces entrenador Louis Van Gaal no logró afianzarlo en la función que él pretendía y termino propiciando la aparición de Andrés Iniesta, ni más ni menos que uno de los mejores jugadores del mundo en la actualidad. Ahí comenzaron las discusiones extrafutbolísticas del 10 por la complicada relación con el DT y con la llegada del holandés Frank Rijkaard su carrera lo llevó al “submarino amarillo” para buscar revancha… y la tuvo.
Con el Villarreal logró llegar a semifinales de Champions League en la temporada 2005/2006, algo inédito para un equipo hasta entonces acostumbrado a pelear por la permanencia o tener protagonismo en segunda división. Es cierto, contaba con compañeros como Forlán y Sorín, pero no hay dudas que el cerebro y corazón de aquél equipo era Riquelme. Prueba de ello está en que a pesar de errar un penal en el último minuto contra Arsenal en la instancia decisiva de aquél torneo, los hinchas nunca pusieron en duda su idolatría. Su etapa europea terminó en conflicto con su entonces entrenador Manuel Pellegrini. Las razones fueron motivo de muchas discusiones y objeto de innumerables especulaciones, pero los protagonistas decidieron no aclarar al respecto.
Volvió a Boca y tras un nuevo regreso a Villarreal con largo período de inactividad se quedó finalmente en el club de la rivera para no irse más.
Desde entonces, el nombre de Riquelme poco a poco se vinculó cada vez menos con lo que pasaba dentro de la cancha y empezó a asociarse a peleas, polémicas, lesiones y discusiones mediáticas. Su irregular historia con la Selección Argentina lo terminó enfrentando con el máximo exponente de nuestro fútbol: Diego Armando Maradona. Por el momento ese fue su final con la camiseta albiceleste y lamentablemente poco tuvo que ver con lo que mejor hace Juan Román: Jugar al Fútbol.
Sin dudas se trata de un personaje polémico, se habló de muchas peleas y discusiones. La realidad es que no conocemos con certeza los verdaderos motivos en cada caso y, más allá de nuestra posición particular no podemos atribuirle la culpa exclusivamente al 10 de Boca. Lo que si podemos tener certeza es que en un deporte en el que sus protagonistas corren 90 minutos, siempre es importante y fundamental un jugador que ponga la pausa y piense, que a su lentitud física la compense con velocidad mental. Ese es el jugador que marca la diferencia y Riquelme es dueño de esa capacidad cada vez más difícil de ver.
Los medios periodísticos dedican horas y horas a hablar de la estrella xeneise, pero soy generoso al decir que sólo el 10% de lo que se argumenta hace foco en razones futbolísticas y eso, en el caso de Riquelme, es un desperdicio. Aquellos que no somos hinchas de Boca muchas veces nos enojamos al ver cómo la realidad de nuestros equipos pierde terreno en los medios ante cada una de las potenciales polémicas que giran en torno al jugador. Debería hablarse mucho menos, dejarse de lado las especulaciones y dar espacio a las certezas. Lo cierto es que Riquelme es un jugador único. Podemos analizar mil y una vez si incluir a Riquelme entre los 11 beneficia o perjudica futbolísticamente a Boca dadas las indudables ventajas físicas que evidencia en los últimos años. Algunos dirán que no puede faltar nunca, otros argumentarán con antecedentes firmes que su físico no le permite jugar con regularidad y otros simplemente expresarán que no es necesario o prefieren a jugadores de otra característica. Más allá de su realidad futbolística, en lugar de perder horas analizando discusiones que sólo los protagonistas conocen, podríamos dedicar minutos a aprender de lo que fue Riquelme en su mejor momento y lo que sigue siendo cuando juega. Los jugadores son por sobre todo adultos y profesionales, no necesitan la “ayuda” de la prensa para solucionar sus conflictos y los dirigentes son los que deben velar por la armonía en el club, nunca un periodista. Nuestro rol como espectadores es disfrutar de los grandes jugadores y Riquelme, más allá de la camiseta que nos apasione, es un enorme intérprete de la redonda.