lunes, 16 de abril de 2012

Locuras del fútbol argentino

¿Qué nos pasa? ¿Cuál es nuestro problema? ¿En qué momento perdimos el rumbo de la manera en que lo perdimos? Son preguntas que me hice y me sigo haciendo. Hacía mucho que no escribía una nota de opinión y vuelvo a hacerlo lamentablemente con temas recurrentes, pero agravados.
Como hincha de Independiente, esperé el día sábado con mucha ilusión, con la ansiedad de un clásico a la vista. En la cancha, mi equipo me regaló una enorme sonrisa, desde el resultado, desde la actitud y desde algunos síntomas que demuestran que está naciendo un equipo, que no brilla pero se acomoda de a poquito después de golpes recurrentes sufridos desde el plano deportivo y dirigencial. No son pocas las veces que critiqué actitudes de mi propia hinchada, pero el clásico esta vez nos mostró unidos en una fiesta, como debe ser. Del otro lado, la hinchada académica también se comportó de manera correcta y sin violencia. Pero, cuando el hincha se comporta, parece que quienes tienen que dar la nota negativa son los mismos jugadores.
Empecemos por uno de ellos, Teófilo Gutiérrez. No estoy de acuerdo con los que lo tildan de “crack”, pero a las claras se trata de un muy buen jugador cuando se dedica a patear la pelotita y no a armar pequeñas novelas con propios y ajenos. El sábado dio una muestra más de lo irrespetuoso que puede ser este personaje, no sólo con los rivales, sino con sus propios compañeros e hinchas. Entre domingo y lunes escuché a varios simpatizantes de la academia preguntar ¿Quién es el culpable de lo que pasa con “Teo”? Mi respuesta es simple: ellos mismos. El hincha de Racing hoy se queja de actitudes que festejó cuando el perjudicado fue el rival. Al colombiano se le justificó desde lo deportivo comportamientos que exceden dicho ámbito. No caben dudas que, si Gutiérrez hoy metiera un gol por partido, sus faltas de respeto no serían centro de los numerosos análisis que nos toca presenciar hoy.
Pero no fue lo único que me indignó este fin de semana. Ya terminando el domingo, con la derrota de Boca Juniors consumada y esperando un resumen de goles de mi equipo me encuentro con la sorpresa de un hecho más de violencia, con la particularidad de que esta vez enfrentó a jugadores e hinchas. Los simpatizantes de Tigre se desubicaron y profesionales de la experiencia de Santiago Silva dejaron de serlo y se fundieron en trompadas. Cada vez peor.
Ya hoy lunes, los medios volvieron a desviarse de lo futbolístico, ignoraron la victoria de mi equipo y se centraron en estos dos hechos. Después de calmar mi bronca por ese hecho, me dispuse a escucharlos. Hablaron de discriminación, xenofobia, de gastadas, operativos policiales y demás. Opiniones al margen, se olvidaron de algo importante. ¿Acciones como la de Santiago Silva no justifican una sanción? ¿Damos por hecho que una maniobra impropia por parte de un grupo de hinchas justifica una reacción igual o más irracional? No creo que deba ser así.
Volviendo a las preguntas que planteé al principio de la nota me aventuro a dar mis propias respuestas. Nos pasa que la educación hace rato dejó de ser parte de nuestro sistema de valores. Nuestro problema es que vivimos el fútbol como una guerra y no como un juego, y al rumbo lo perdimos en el momento en que dejamos que el negocio se adueñara de nuestro deporte.
Desde estas palabras vuelvo a plantar bandera y a ponerme en la vereda del frente de un fútbol que no me gusta, en la cancha y afuera de ella.


jueves, 1 de marzo de 2012

La historia de siempre


Dicen por ahí que si uno sabe que lo van a estafar y no hace nada por evitarlo no existe estafa sino estupidez. Algo de eso hay en el tema de la semana del fútbol argentino que, una vez más, nos deja a todos los que estamos convencidos de la necesidad de un cambio con una sensación de impotencia.
 Allá por los comienzos del torneo cuando Boca Juniors anunciaba la contratación de Santiago Silva, con la aclaración de que se trataba sólo de un refuerzo para la Copa Libertadores, los memoriosos augurábamos este desenlace. En estos días se confirmó: Santiago Silva podrá disputar el torneo argentino.
Una vez más, la ley se tuerce a favor de un equipo poderoso. Ya no llama la atención que Boca incurra en este tipo de “controversias”, pero la culpa en este caso lo excede. Los clubes del fútbol argentino, en casi su totalidad, aprobaron esta decisión. Nuestros representantes dejaron por un rato de lado el compromiso de defender nuestros intereses y actuaron en pos de intereses ajenos. El “por un rato” es sólo una expresión idiomática ya que nos tienen acostumbrados a este tipo de comportamientos, absolutamente contrarios a los que su mandato los obliga.
Hace días, en este mismo espacio, criticaba la cercanía de uno de nuestros nuevos dirigentes con la máxima autoridad de AFA y repudiaba cualquier tipo de “colaboración desinteresada” por parte del otrora ferretero. No pasó mucho tiempo para que mis sospechas se confirmen ya que días después este dirigente dio su primer voto positivo, su primera devolución de gentilezas. Sería injusto caerle sólo a un dirigente cuando esto es generalizado, pero lo remarco porque me sorprendió ver tan rápidamente le eficacia de aquél aval otorgado por Julio Grondona allá por comienzos de año al club presidido por este dirigente.
¿Alguna vez entenderán nuestros representantes que lo que ellos reciben como “ayuda” se trata de una compra de voluntades que sigue destruyendo las bases institucionales de nuestro fútbol? Quizás lo saben y el negocio les sigue cerrando. A los que no les cierra es a los clubes y a los socios de esos clubes, que a pesar de la “desinteresada” colaboración de AFA siguen devastados.
 Decisiones como la de esta semana no hacen otra cosa que alejarme de un fútbol que supe disfrutar. No es casualidad que el nivel de juego sea tan bajo, sabiendo que los partidos y los torneos se definen cada vez más las oficinas de AFA y cada vez menos en los estadios.
Lo más grave de todo es que lo que antes nos sorprendía y nos indignaba, hoy lo anticipamos y hasta lo justificamos. Hay cuestiones en las que es necesario que plantemos bandera y exijamos seriedad, ésta es una de ellas.

viernes, 24 de febrero de 2012

Momento de Análisis


Allá por diciembre, a los hinchas de Independiente nos volvió el alma al cuerpo. Se expulsó del club a una dirigencia nefasta que esperamos no volver a ver nunca más por las inmediaciones del estadio, sede o cualquier lugar que tenga que ver con nuestro amado rojo. EL responsable de eso fue Javier Cantero, por haber presentado una propuesta simple, transparente, con buenas ideas y con mucha valentía para salir a enfrentarse a un monstruo que tenía respaldo por todos lados. El hincha hizo su parte, su gran parte, y a fuerza de votos le dio el espaldarazo que Cantero necesitaba. Ese día se me puso la piel de gallina, veía a mi Independiente volver, me prometieron una revolución y yo, con todas mis limitaciones económicas, de distancia, de tiempos e intelectuales, estuve agradecido de formar parte y poner aunque sea medio peso para ayudar a esta dirigencia a hacer historia, a recuperar la historia grande de mi club. Pero también me juré ese día que iba a ser muy exigente, que no iba a dejar pasar una sola, porque el club ya no puede aguantar otra decepción, porque aprendí de golpes anteriores. Y acá estoy marcando justamente las cosas que me gustan, pero mucho más aquellas que me preocupan.
Voy a empezar por los puntos positivos. Como algunos sabrán, y otros no, mi profesión se perfila para un costado empresarial y, a raíz de ello, no podía entender la manera en la que se estaba subexplotando la marca de un club que supo ser gigante a nivel mundial. Desde la nueva dirigencia parecen haber entrado en ese detalle y comenzaron a trabajar fuerte en el Marketing de Independiente Una decisión acertada e importante para generar recursos propios que, en tiempos de hoy, es fundamental.
La auditoría que se está llevando a cabo es importantísima y es otro punto destacable, muy positivo, porque nos va a dar esa posibilidad que tanto pedimos de poder exponer a los delincuentes que se robaron nuestro club. Es una iniciativa que se prometió, se está realizando, se apoya y se lo seguirá haciendo.
Uno de los conceptos que más me gustó de Cantero en la campaña fue caer en la realidad de que lo primero que debía hacer era cortar el déficit económico, incluso por sobre el déficit financiero. Ninguna persona con conocimientos de finanzas podría estar en desacuerdo con esta afirmación. Recortar el plantel profesional es una medida que va en tal sentido. Al principio critiqué que se deje libre a jugadores y se les pague el contrato entero (casos Moreira y Gioda, al menos). No es lo mismo pagar todo junto que pagar todo en “cómodas” cuotas a forma de sueldo. No obstante, al pensarlo, hay puntos a favor de esta decisión. Por un lado, se evitan futuros conflictos y, por el otro, tengo entendido que si un jugador se lesiona el club está obligado a renovarle el contrato. Este último es un detalle no menor si estamos hablando de jugadores como Gioda.
En lo deportivo, se prometió reforzar al plantel con calidad y no cantidad. El mercado de pases reflejó justamente eso. Se logró un solo refuerzo, pero de una calidad irreprochable. Después, el rendimiento podrá ser mejor o peor, pero eso no depende sólo de la calidad de Farías, sino de muchos factores como el funcionamiento del equipo en su conjunto.
Con respecto al DT, el presidente lo respalda y es lo que debe hacer, lo que prometió y aunque muchos quieren al riojano afuera del equipo, la de Cantero en este sentido es una decisión seria y responsable. Cumplir los contratos es darle a todo esto un marco de institucionalidad que hace meses no teníamos.
Como dije anteriormente, voy a resaltar todo lo que se hace bien, pero voy a criticar lo que a mi modo de ver las cosas no se está haciendo de forma adecuada. Dentro de ese marco encuentro cosas leves, otras importantes y otras graves. Empecemos por las leves.
La participación de empresarios. Tanto en la contratación de Ernesto Farías, como la frustrada transferencia de Rubén Ramírez,  se caracterizó por la presencia de grupos empresarios. Con el ex Racing, todos vimos lo que pasó, se usó al club como medio de presión para mejorar las condiciones de su contrato o apalancar su transferencia a Boca Jrs. En el caso de Farías, el empresario intermediario fue el mismo representante de Ramón Díaz. Quizá soy el único al cual esto le genera ruido, pero no me parece bien que el representante del DT acerque jugadores, abre un manto de sospecha innecesario y totalmente lógico. Se criticó a la anterior dirigencia por esta cuestión y creo que debería seguirse el mismo criterio con la actual comisión directiva. Esto lo marco como un punto leve, porque es una situación aislada, al comienzo de una gestión y en un contexto de extrema necesidad del club. Seguramente si se mantiene, su relevancia no será tan leve como lo es hoy.
Como importante, marco algo que quizás no genere muchos adeptos, o si. El precio de las entradas es altísimo, principalmente para el hincha no socio y del interior. Es mi caso, que por una cuestión de coyuntura laboral, no puedo hacerme cargo de pagar una cuota de socio. Eso implica que si quiero viajar a ver a mi equipo tenga que disponer de una suma demasiado importante entre viaje y comida. Si a esto se le suma que tengo que pagar una entrada del monto que se fijó, claramente mi conclusión es que pasaré un campeonato lejos de la tribuna. Una lástima ya que se prometió que la familia volvería a la cancha. Por ahora va a ser complicado, por lo menos para muchas familias. Seguro muchos dirán, como suelen decirlo, “hacete socio si querés al club”. A Independiente lo amo, pero mi billetera no me lo permite por el momento.
Cuestiones graves vi dos. La primera es la cercanía con Julio Grondona. Ante esto quiero ser claro, nadie pide que Cantero sea un kamikaze passareleano y vaya a enfrentarse de lleno a un aparato tan grande como la AFA, mucho menos en dos meses de gestión. Esas cosas son importantes y llevan su tiempo. Pero sinceramente me choca escuchar a mi presidente decir que el de AFA es una persona muy cálida y que ahora entiende por qué hace tanto tiempo que está. A ver, Grondona está hace 30 años por ser el dueño de una mafia que se acomoda a cada estamento político que rige en el país, no por ser un tipo cálido. No quiero a mi presidente adulando a tan nefasto personaje, no quiero avales de AFA, no quiero que mi club quede atado a la mafia. Mientras más lejos estemos de Grondona mejor.
Finalmente el tema barra brava me empieza a hacer ruido. Como a muchos me enojó y me decepcionó totalmente que se les regale a la barra tirantes para colgar en las tribunas y alentar una supuesta “fiesta”. A ver, a la fiesta la arma el hincha, no el delincuente. No me importa si lo que se les regala a los barra es sólo una bandera, no quiero que se les regale nada. Al contrario, los quiero afuera de mi club. Estoy de acuerdo en que es un tema difícil, que hay que tener paciencia, pero no empecemos a dar vuelta el rumbo. Siempre que las acciones del club se orienten a expulsar a los delincuentes van a tener mi apoyo. Soy totalmente consciente de la complejidad del tema y de la falta de apoyo por parte de las autoridades, pero comprándoles banderas no vamos a alejarlos sino lo contrario. Me molestó y me interesó el descargo del presidente respecto del tema. Lo escuché en Muy Diablo y el resultado fue una desilusión inesperada y que todavía me hace eco en la cabeza. Las opiniones se respetan, pero escuchar de boca de nuestra máxima autoridad que la crítica involucra algo de “racismo” me dejó sin palabras. ¿Cuál es el racismo en pretender que nuestros dirigentes no tengan relación alguna con los delincuentes? El argumento fue que cuando a los famosos se les regalaban palcos nadie decía nada por una especie de “cholulaje”. Si bien tampoco estoy de acuerdo con dicha medida, me parece que no hay punto de comparación entre invitar a una persona a un palco y dar entradas, banderas o cualquier elemento a un grupo de delincuentes. Unos son famosos (de nuestra simpatía o no), los otros son delincuentes, entendamos la diferencia. A los primeros los podés invitar, hasta por una cuestión de marketing, o elegir no hacerlo, a los segundos los tenés que expulsar del club, sin titubeos. En ese sentido, Pedro Larralde afirmó que no van a hacer uso del derecho de admisión por el momento, pero que ante un hecho violento lo van a aplicar. Me pregunto cuál será el fundamento de esperar a que suceda algo y una persona resulte lastimada pudiendo sacarse el problema desde un primer momento. A algunos “barrabravas” no los podés individualizar, o no tenés cómo fundamentar la aplicación de este recurso, pero claramente a tipos como Bebote los tenés bien identificados y con fundamentos de sobra para tenerlos afuera del Libertadores de América.
La verdad que la nota quedó bastante larga, no era mi intención, pero tengo una mezcla rara de ilusión y preocupación. Ilusión por todos los temas positivos que remarqué. Preocupación, porque no quiero que estos puntos negativos se conviertan en algo común. Muchos podrán estar de acuerdo con lo que expuse y muchos otros no, pero necesitaba sinceramente exponer lo que pienso. No me preocupa el debate ni el disenso, al contrario, me preocupa y mucho el silencio que llamativamente existe, de medios y fundamentalmente de nosotros los hinchas. Apoyemos, colaboremos, pero principalmente controlemos. Creo que aprendimos la lección a fuerza de golpes.

viernes, 17 de febrero de 2012

La era de la boludez


Recordando viejos dichos, esta es la era de la boludez. Letra y voz del gran Ricardo Mollo que se aplica a la perfección a los tiempos que vivimos. Reducir esta frase a un entorno futbolero es como achicar demasiado el análisis, pero es el tema que nos ocupa en esta ocasión.  
Decir que esta semana los que integramos el ambiente futbolero mostramos nuevamente una faceta deplorable es quizás redundante porque creo que todos, en la intimidad de nuestro pensamiento, lo notamos.
Lo que pasó esta semana se calificó en muchos medios y en las redes sociales como el “Cabaret 2” de Boca, recordando aquella famosa frase de Diego Latorre allá por los años 90. Sin embargo lo cierto es que el Cabaret, en este caso, excedió a Boca y nos pegó a todos. Quedó al descubierto lo peor de nosotros como consumidores, lo peor de los periodistas como comunicadores y lo peor de los protagonistas  que nunca lograron recuperar el manto de seriedad y cordura. Me pregunto sinceramente en qué momento lo que pasa adentro de un vestuario pasó a ser tema nacional. Periodistas, directores técnicos, jugadores y hasta nosotros mismos, desde la comodidad de un teclado, nos aventuramos a opinar, a señalar, a tejer teorías conspirativas y hasta de definir la hombría de bien o mal de un jugador o DT. Bastaba con prender el televisor, la radio o navegar por internet o leer nuestra lista de twitter para encontrarnos con una opinión o directamente con una sentencia absoluta. Primero se habló de Riquelme, después de Falcioni, hasta se habló de traiciones por parte de jugadores del “riñón del DT”. Escuché a los interlocutores de siempre que auguraban una imposible continuidad de Falcioni. En un día se dijo de todo, se anunciaron renuncias, se cambiaron titulares, se armaron hastags twitteros defendiendo a un personaje o al otro y hasta se consultó a cuanto protagonista se cruzara al frente de un micrófono para que de su parecer y fije posición. Como hincha de Independiente me tocó ver una situación curiosa en la que un medio entrevistaba a un jugador de mi equipo (Roberto Battión) y se le preguntaba qué opina de Falcioni y cómo es el DT. Me indignó tanto ver la necesidad de encontrar una declaración polémica que automáticamente cambié de canal y no quise escuchar nada más sobre el tema. Al fin de cuentas me pregunto cómo puede un jugador dar una opinión sobre algo que desconoce.
Hoy me levanté y pensé que el “escándalo” se había terminado, pero me equivoqué, me encontré con periodistas esperando “disculpas públicas” de Julio César Falcioni. Una cosa increíble, ¿hasta dónde llegó nuestro nivel de morbo para pedir semejante locura?
Estamos a viernes y hoy se juega una fecha de la cual nadie habla, el negocio pasa por otro lado. El periodismo mostró nuevamente un costado, al menos, cuestionable, pero no nos olvidemos que si nosotros no consumimos la oferta cambia. Nosotros consumimos el mismo circo que repudiamos. No es de extrañar que se juegue cada vez peor si nuestro punto de atención está totalmente alejado de lo que pasa adentro de una cancha.  Pero claro está, para hablar de fútbol hay que saber, para hablar de conventillos somos todos sociólogos, psicólogos y hasta moralistas.
Mañana el conflicto será otro, pero no nos preocupemos, porque la era de la boludez le da de comer a todos. ¿Se puede cambiar? No sé, capaz que si aprendemos a darle la espalda a lo que no  queremos podamos lograr un mínimo de seriedad, hablar más de fútbol y menos de botineras, conspiraciones, peleas, egos y toda la basura mediática que estamos consumiendo.

domingo, 29 de enero de 2012

El fútbol y las matemáticas


Se suele decir que en el fútbol 2+2 no es 4, utilizando una analogía matemática para representar lo impredecible del deporte más lindo del planeta. Pero la realidad nos ha regalado una nueva analogía y tiene que ver también con los números. Cuando yo era chico y me preguntaban qué  camiseta quería no dudaba en pedir la 10. Claro está que teniendo en cuenta el equipo dueño de mi corazón no era muy difícil adivinar que ese número era especial. Pero no era algo sólo mío, era de todos. Cualquiera sea el club dueño de nuestra pasión todos queríamos la 10.
Los DT de nuestro fútbol no aprendieron de aquella vieja analogía y creyeron que, esta vez si, las matemáticas y la pelota tienen algo que ver. Así empezaron a convencerse e intentar convencernos de que 5+5 es 10. Nada más alejado de la realidad y nada más perjudicial para el espectáculo y la diversión que solíamos presenciar cada vez que 22 tipos pisaban el pasto de un estadio. El 10 era el tipo distinto, el que siempre tenía un lujo para regalar, el que ponía la pausa, el que levantaba siempre la cabeza y el que se encargaba de hacer festejar al 9. El 5 era el que recuperaba la pelota en el medio y se encargaba de dársela al que sabe, al 10. Por razones que aun no comprendo el “distinto” fue desapareciendo y con él, el fútbol atractivo y entretenido se fue apagando. Nosotros, los hinchas no nos dimos cuenta ni quisimos hacerlo. El 5+5=10 se fue haciendo cada vez más común. Nuestros equipos recuperan la pelota como pocos, pero cuando la tienen no saben qué hacer con ella. Y empiezan los pelotazos o el toque intrascendente que siempre termina en lateral o en pies del 5+5 del equipo rival que repite la historia hasta que los 90 minutos se transforman en verdaderas películas de terror. Los partidos se ganan con pelotas parada, por errores del rival, por algún achique mal tirado o simplemente se muere en el cero a cero. Ahora, cuando aparece un 10, el 5+5 queda en ridículo. Pasa con Riquelme, quizá el último 10 que nos queda, y que, aún lesionado, marca diferencias con la cabeza. Cada tanto aparece un 10 perdido y rápidamente entre DT e hinchas nos encargamos de enseñarle a jugar de otra cosa y a cambiar inteligencia por sacrificio. Así es difícil que podamos ver mejores partidos,  muchos goles, lujos y todas esas cosas que pedimos hasta el cansancio en la previa, pero cuando empiezan los 90 minutos quedan totalmente al margen por el viejo e insuficiente “ponga huevo”.
Mientras nuestros DT piden un 9 en casi todos los mercados de pases y nosotros los hinchas tildamos de “pechofrío” al tipo que, en vez de tirarse a los pies, pone la pausa y trata de meterla en profundidad nos olvidamos que para hacer goles cada vez es más necesario pensar y, lo paradójico, es que cada vez pedimos menos jugadores que piensen. Así difícilmente podamos volver a divertirnos. Será momento entonces de olvidarnos de las matemáticas y volver a pensar en el fútbol como alguna vez supimos disfrutarlo.

martes, 18 de octubre de 2011

AFA, Vergüenza Registrada


El día que empecé a escribir sobre fútbol tenía la idea de que iba a aprender y me iba a enriquecer sobre lo que pasa en un estadio los fines de semana. Hoy, casi un año después, me doy cuenta que la mayoría de mis notas ponen foco en lo que pasa afuera de la cancha. No reniego de eso, pero no puedo ocultar mi desilusión y mi deseo ferviente de que alguna vez podamos discutir de estilos de juego, de rendimientos futbolísticos y de todo aquello que hace del fútbol un deporte hermoso. Hoy, nos toca ponernos en un lugar diferente y, como receptores de tanta alegría y pasión que nos regaló la redonda, es nuestra responsabilidad defenderla desde el lado que podamos. De mi parte, creo que dar mi opinión, hablar, discutir y debatir ideas para salir de este pozo es mi mejor manera de contribuir, o la que mejor me sale con las limitaciones que poseo a cuestas.
Hoy, una vez más, si tuviese que resumir mis palabras en una sola elegiría “Vergüenza”, no solo por lo que pasa en el seno de AFA sino por la decadencia de las opciones que se nos presentan. Los noticieros, cada uno defendiendo su interés, nos presentan una guerra de bien contra el mal, un momento de cambio y el preámbulo de lo que será una nueva era en la organización de nuestro fútbol. Nosotros tenemos que aprender a leer lo que está pasando y caer en la realidad de que estamos ante una guerra de intereses con un único y universal fin: El Dinero. Han dejado una y otra vez al fútbol de lado y antepusieron el negocio antes que el deporte. Hace rato que eso sucede y a veces nosotros miramos al costado y tapamos nuestra visión para debatir si Messi juega bien o mal en la Selección o si nuestros jugadores cantan o no el himno. Somos miopes o preferimos serlo, pero el resultado que vemos hoy es absolutamente lógico dada la realidad de nuestra dirigencia.
Cada vez que acontece un papelón como el que vivimos hoy creemos que hemos llegado a  nuestro límite, pero la realidad no para de sorprendernos. Hace unos meses algunos cerebros diagramaron un torneo espantoso que por cuestiones políticas y de rechazo popular no se llevó a cabo (por ahora). Ese día yo pensé que la vergüenza había encontrado un límite. Pero me equivoqué una vez más. Un presidente de AFA que hizo de la corrupción y la falta de respeto a la ley una religión, hoy encuentra un contrincante que parece manejarse con las mismas armas y que da tanta vergüenza como nuestro eterno “padrino”. Con el perdón de quién se pueda ofender, no podemos ni siquiera pensar en Daniel Vila como alternativa, sino como continuidad. Es sólo un interesado más en apropiarse del multimillonario negocio del fútbol. La pelota en el medio de esta puja sufre y nosotros sufrimos con ella. Esto no da para más. Está claro que ni gobierno, ni oposición, ni los clubes, ni los medios, ni la justicia van a hacer algo para sacarnos de esta basura en la que nos encontramos inmersos. Una vez más somos nosotros los que tenemos que parar. ¿Cómo lo hacemos? De la manera que podamos, cada uno de su lado, levantando la voz, colaborando en la conformación de una alternativa, aportando ideas, denunciando y exigiendo cambios. Si todo eso no funciona somos totalmente libres de dejar de consumir este negocio. Nos va a doler, no hay dudas, pero no hay negocio que funcione sin clientes. No hay intereses que se mantengan si no hay alguien que los alimente. Dejemos de alimentar este monstruo que ya se volvió incontrolable e inaceptable. La dificultad no implica imposibilidad.
Días atrás, en la cancha de Independiente, la gente se enfrentó a los barrabravas y lo sigue haciendo con una grandeza impresionante, sin ningún interés más que el amor por el club en el cual crecieron y al cual aman con locura. Es un equipo contra una dirigencia y esos hechos marcan hitos y suman fuerzas para seguirla peleando. Todos tenemos esa opción, la de darle la espalda a esta delincuencia que dice cuidar nuestros recursos y no hace otra cosa que sumar millones en Suiza y vaya uno a saber en cuántos países mas.
Cuando vos vas a la cancha y pagás tu entrada estás alimentando un aparato cada vez más poderoso. Pero de la misma manera que podemos alimentarlo podemos dejarlo morir de hambre. Basta de vergüenza, exijamos un cambio, pero que ese cambio represente una alternativa mejor. Hoy nos están proponiendo cambiar un delincuente viejo y debilitado por uno joven y con ganas de seguirnos robando. De nosotros depende que el cambio sea el que se necesita para salir del coma.
Mis palabras seguramente ayudan poco, o quizás nada, pero a mi me permiten siempre estar tranquilo de poder marcar un límite y pararme en la vereda del frente de aquellos que se van a dormir todas las noches con la conciencia sucia, aunque pocos les importe. ¿Todo Pasa? Depende de nosotros.



miércoles, 5 de octubre de 2011

¿Por qué se juega tan mal?



Con la fecha que pasó se superó la mitad del torneo y me hace replantear de forma recurrente qué se valora desde las tribunas de nuestros estadios o la pantalla de nuestros televisores. ¿Cuando hablamos de uno de los torneos más lindos del mundo, nos referimos al juego o nos referimos a todo lo que lo rodea? A decir verdad, todo lo que rodea al fútbol argentino cada vez tiene menos de atractivo, por problemas ya archiconocidos que van desde violencia en los estadios hasta falencias institucionales realmente preocupantes. Entonces nos estamos refiriendo al juego y ahí mi preocupación crece desde mi lugar de hincha porque lo que se muestra en la cancha es realmente pobre y preocupante.
Parece que hace siglos desde aquellos tiempos en que hablábamos del 5 de un equipo. Antes el 5 era sinónimo de un volante con quite, garra y personalidad. Claro que no le pedíamos gambetas ni lujos, sólo que la quitara y la entregara redonda, que marque una posición en el mediocampo y que sea el elemento de recuperación por excelencia. Sin dudas que el rol del 5 era muy importante, porque la pelota pasaba a ser un elemento fundamental. Cuando la robaba se la daba al que sabía y ahí empezaba el espectáculo.
Hace unos años estábamos acostumbrados a ver esos laterales que no tenían nada que envidiarle a un lateral brasileño. Si el 4 o el 3 no sabían con la pelota no eran dignos de la posición. Los centrales sabían que contaban con una salida confiable y los volantes con un apoyo para la recuperación y para el desequilibrio.
El enganche hoy se encuentra en peligro de extinción y basta con verlo los fines de semana a Juan Román Riquelme para darnos cuenta de la mentira enorme que nos quieren vender cuando nos dicen que el fútbol evolucionó y que ya no se puede jugar con un talentoso que mueva los hilos del equipo desde su posición de enlace.
Hoy en el fútbol de AFA ya los 5 son dos, el enganche casi no existe más, los laterales pasan a ser centrales con un manejo aceptable y la línea de volantes pasó de ser el elemento de creación a ser un eslabón más encargado de la recuperación. Eso si, cuando la pelota es del rival se atrasan en bloque y resisten hasta que la redonda quede por casualidad en su poder.
Igualmente, si uno refuerza una función (en este caso la defensiva) es porque su cometido es de suma importancia. Es decir que si reforzamos la recuperación de la pelota es porque nos interesa mucho lo que podemos hacer con ella. Sin embargo en el 95% de los partidos vemos cómo apenas se tiene la pelota se la revienta a cualquier lado o se apela al famoso “pelotazo” hacia los delanteros que de tan solos ya se empiezan a aburrir y no les queda otra que bajar y hacer de creadores y goleadores al mismo tiempo. A veces se la recupera y como no hay un solo jugador que sepa hacer con la pelota algo útil se vuelve para atrás y las defensas “resorte” como yo las llamo se encargan de poner en peligro a toda ave desinformada que se atreva a pasar por los 500 mts. a la redonda del campo de juego.
Personalmente, ya sea en las tribunas o en la comodidad de mi casa, ya no grito pidiendo que mi equipo haga un gol sino que me conformo con que se mire al compañero y no se reviente el fútbol como si fuera un enemigo.
Pasó medio campeonato y cada vez se juega peor. El puntero es Boca y todo parece indicar que no hay un rival fuerte que pueda quitarle el sueño de quedarse con el torneo al que su clásico rival intenta volver. En casi todos los medios se habló mucho de Boca, de su mejoría y de su merecido liderazgo. Créanme que estoy convencido que merece los puntos que tiene, pero el único atributo que se rescata es su solidez defensiva y un supuesto “orden”. Antes esas eran cualidades de equipos que peleaban por no descender o por hacer una campaña mediocre. Hoy esas son las cualidades que pueden marcar la diferencia del posible campeón. Pido disculpas si estoy errado, pero si cada vez nos conformamos con menos en el futuro nos vamos a aburrir y mucho. El campeón debe marcar diferencias claras tanto en defensa como en ataque. El fútbol tiene las dos facetas y si me apuran yo prefiero ganar 5  a 4 antes que 1 a 0. Prefiero que mi equipo pierda una pelota por tirar una pared antes que perderla por un pelotazo a la nada. Cuando un jugador tira un taco y la pierde, el murmullo se siente de manera automática, pero si un defensor la revienta a la tribuna se escuchan aplausos. Está todo dado vuelta, el deporte que debería divertirnos nos aburre todos los fines de semana.
El motivo de la decadencia puede tener muchas explicaciones, pero el principal es que no somos exigentes con el juego, pedimos que nuestros jugadores corran, pero no pedimos que piensen. Los DT, siempre en la cuerda floja, captan el mensaje y eso es lo que nos muestran partido a partido.
Se dice que en España o en Inglaterra no se marca o se marca menos. Quizás, pero yo veo un partido de estas ligas y realmente la paso bien, casi tan bien como la pasaba cuando veía al fútbol argentino hace unos años, varios años atrás.
Otro torneo perdido y van. Ojalá que el año entrante nos encuentre volviendo a las fuentes y podamos disfrutar en vez de sufrir de un deporte hermoso por excelencia.