viernes, 17 de febrero de 2012

La era de la boludez


Recordando viejos dichos, esta es la era de la boludez. Letra y voz del gran Ricardo Mollo que se aplica a la perfección a los tiempos que vivimos. Reducir esta frase a un entorno futbolero es como achicar demasiado el análisis, pero es el tema que nos ocupa en esta ocasión.  
Decir que esta semana los que integramos el ambiente futbolero mostramos nuevamente una faceta deplorable es quizás redundante porque creo que todos, en la intimidad de nuestro pensamiento, lo notamos.
Lo que pasó esta semana se calificó en muchos medios y en las redes sociales como el “Cabaret 2” de Boca, recordando aquella famosa frase de Diego Latorre allá por los años 90. Sin embargo lo cierto es que el Cabaret, en este caso, excedió a Boca y nos pegó a todos. Quedó al descubierto lo peor de nosotros como consumidores, lo peor de los periodistas como comunicadores y lo peor de los protagonistas  que nunca lograron recuperar el manto de seriedad y cordura. Me pregunto sinceramente en qué momento lo que pasa adentro de un vestuario pasó a ser tema nacional. Periodistas, directores técnicos, jugadores y hasta nosotros mismos, desde la comodidad de un teclado, nos aventuramos a opinar, a señalar, a tejer teorías conspirativas y hasta de definir la hombría de bien o mal de un jugador o DT. Bastaba con prender el televisor, la radio o navegar por internet o leer nuestra lista de twitter para encontrarnos con una opinión o directamente con una sentencia absoluta. Primero se habló de Riquelme, después de Falcioni, hasta se habló de traiciones por parte de jugadores del “riñón del DT”. Escuché a los interlocutores de siempre que auguraban una imposible continuidad de Falcioni. En un día se dijo de todo, se anunciaron renuncias, se cambiaron titulares, se armaron hastags twitteros defendiendo a un personaje o al otro y hasta se consultó a cuanto protagonista se cruzara al frente de un micrófono para que de su parecer y fije posición. Como hincha de Independiente me tocó ver una situación curiosa en la que un medio entrevistaba a un jugador de mi equipo (Roberto Battión) y se le preguntaba qué opina de Falcioni y cómo es el DT. Me indignó tanto ver la necesidad de encontrar una declaración polémica que automáticamente cambié de canal y no quise escuchar nada más sobre el tema. Al fin de cuentas me pregunto cómo puede un jugador dar una opinión sobre algo que desconoce.
Hoy me levanté y pensé que el “escándalo” se había terminado, pero me equivoqué, me encontré con periodistas esperando “disculpas públicas” de Julio César Falcioni. Una cosa increíble, ¿hasta dónde llegó nuestro nivel de morbo para pedir semejante locura?
Estamos a viernes y hoy se juega una fecha de la cual nadie habla, el negocio pasa por otro lado. El periodismo mostró nuevamente un costado, al menos, cuestionable, pero no nos olvidemos que si nosotros no consumimos la oferta cambia. Nosotros consumimos el mismo circo que repudiamos. No es de extrañar que se juegue cada vez peor si nuestro punto de atención está totalmente alejado de lo que pasa adentro de una cancha.  Pero claro está, para hablar de fútbol hay que saber, para hablar de conventillos somos todos sociólogos, psicólogos y hasta moralistas.
Mañana el conflicto será otro, pero no nos preocupemos, porque la era de la boludez le da de comer a todos. ¿Se puede cambiar? No sé, capaz que si aprendemos a darle la espalda a lo que no  queremos podamos lograr un mínimo de seriedad, hablar más de fútbol y menos de botineras, conspiraciones, peleas, egos y toda la basura mediática que estamos consumiendo.

domingo, 29 de enero de 2012

El fútbol y las matemáticas


Se suele decir que en el fútbol 2+2 no es 4, utilizando una analogía matemática para representar lo impredecible del deporte más lindo del planeta. Pero la realidad nos ha regalado una nueva analogía y tiene que ver también con los números. Cuando yo era chico y me preguntaban qué  camiseta quería no dudaba en pedir la 10. Claro está que teniendo en cuenta el equipo dueño de mi corazón no era muy difícil adivinar que ese número era especial. Pero no era algo sólo mío, era de todos. Cualquiera sea el club dueño de nuestra pasión todos queríamos la 10.
Los DT de nuestro fútbol no aprendieron de aquella vieja analogía y creyeron que, esta vez si, las matemáticas y la pelota tienen algo que ver. Así empezaron a convencerse e intentar convencernos de que 5+5 es 10. Nada más alejado de la realidad y nada más perjudicial para el espectáculo y la diversión que solíamos presenciar cada vez que 22 tipos pisaban el pasto de un estadio. El 10 era el tipo distinto, el que siempre tenía un lujo para regalar, el que ponía la pausa, el que levantaba siempre la cabeza y el que se encargaba de hacer festejar al 9. El 5 era el que recuperaba la pelota en el medio y se encargaba de dársela al que sabe, al 10. Por razones que aun no comprendo el “distinto” fue desapareciendo y con él, el fútbol atractivo y entretenido se fue apagando. Nosotros, los hinchas no nos dimos cuenta ni quisimos hacerlo. El 5+5=10 se fue haciendo cada vez más común. Nuestros equipos recuperan la pelota como pocos, pero cuando la tienen no saben qué hacer con ella. Y empiezan los pelotazos o el toque intrascendente que siempre termina en lateral o en pies del 5+5 del equipo rival que repite la historia hasta que los 90 minutos se transforman en verdaderas películas de terror. Los partidos se ganan con pelotas parada, por errores del rival, por algún achique mal tirado o simplemente se muere en el cero a cero. Ahora, cuando aparece un 10, el 5+5 queda en ridículo. Pasa con Riquelme, quizá el último 10 que nos queda, y que, aún lesionado, marca diferencias con la cabeza. Cada tanto aparece un 10 perdido y rápidamente entre DT e hinchas nos encargamos de enseñarle a jugar de otra cosa y a cambiar inteligencia por sacrificio. Así es difícil que podamos ver mejores partidos,  muchos goles, lujos y todas esas cosas que pedimos hasta el cansancio en la previa, pero cuando empiezan los 90 minutos quedan totalmente al margen por el viejo e insuficiente “ponga huevo”.
Mientras nuestros DT piden un 9 en casi todos los mercados de pases y nosotros los hinchas tildamos de “pechofrío” al tipo que, en vez de tirarse a los pies, pone la pausa y trata de meterla en profundidad nos olvidamos que para hacer goles cada vez es más necesario pensar y, lo paradójico, es que cada vez pedimos menos jugadores que piensen. Así difícilmente podamos volver a divertirnos. Será momento entonces de olvidarnos de las matemáticas y volver a pensar en el fútbol como alguna vez supimos disfrutarlo.

martes, 18 de octubre de 2011

AFA, Vergüenza Registrada


El día que empecé a escribir sobre fútbol tenía la idea de que iba a aprender y me iba a enriquecer sobre lo que pasa en un estadio los fines de semana. Hoy, casi un año después, me doy cuenta que la mayoría de mis notas ponen foco en lo que pasa afuera de la cancha. No reniego de eso, pero no puedo ocultar mi desilusión y mi deseo ferviente de que alguna vez podamos discutir de estilos de juego, de rendimientos futbolísticos y de todo aquello que hace del fútbol un deporte hermoso. Hoy, nos toca ponernos en un lugar diferente y, como receptores de tanta alegría y pasión que nos regaló la redonda, es nuestra responsabilidad defenderla desde el lado que podamos. De mi parte, creo que dar mi opinión, hablar, discutir y debatir ideas para salir de este pozo es mi mejor manera de contribuir, o la que mejor me sale con las limitaciones que poseo a cuestas.
Hoy, una vez más, si tuviese que resumir mis palabras en una sola elegiría “Vergüenza”, no solo por lo que pasa en el seno de AFA sino por la decadencia de las opciones que se nos presentan. Los noticieros, cada uno defendiendo su interés, nos presentan una guerra de bien contra el mal, un momento de cambio y el preámbulo de lo que será una nueva era en la organización de nuestro fútbol. Nosotros tenemos que aprender a leer lo que está pasando y caer en la realidad de que estamos ante una guerra de intereses con un único y universal fin: El Dinero. Han dejado una y otra vez al fútbol de lado y antepusieron el negocio antes que el deporte. Hace rato que eso sucede y a veces nosotros miramos al costado y tapamos nuestra visión para debatir si Messi juega bien o mal en la Selección o si nuestros jugadores cantan o no el himno. Somos miopes o preferimos serlo, pero el resultado que vemos hoy es absolutamente lógico dada la realidad de nuestra dirigencia.
Cada vez que acontece un papelón como el que vivimos hoy creemos que hemos llegado a  nuestro límite, pero la realidad no para de sorprendernos. Hace unos meses algunos cerebros diagramaron un torneo espantoso que por cuestiones políticas y de rechazo popular no se llevó a cabo (por ahora). Ese día yo pensé que la vergüenza había encontrado un límite. Pero me equivoqué una vez más. Un presidente de AFA que hizo de la corrupción y la falta de respeto a la ley una religión, hoy encuentra un contrincante que parece manejarse con las mismas armas y que da tanta vergüenza como nuestro eterno “padrino”. Con el perdón de quién se pueda ofender, no podemos ni siquiera pensar en Daniel Vila como alternativa, sino como continuidad. Es sólo un interesado más en apropiarse del multimillonario negocio del fútbol. La pelota en el medio de esta puja sufre y nosotros sufrimos con ella. Esto no da para más. Está claro que ni gobierno, ni oposición, ni los clubes, ni los medios, ni la justicia van a hacer algo para sacarnos de esta basura en la que nos encontramos inmersos. Una vez más somos nosotros los que tenemos que parar. ¿Cómo lo hacemos? De la manera que podamos, cada uno de su lado, levantando la voz, colaborando en la conformación de una alternativa, aportando ideas, denunciando y exigiendo cambios. Si todo eso no funciona somos totalmente libres de dejar de consumir este negocio. Nos va a doler, no hay dudas, pero no hay negocio que funcione sin clientes. No hay intereses que se mantengan si no hay alguien que los alimente. Dejemos de alimentar este monstruo que ya se volvió incontrolable e inaceptable. La dificultad no implica imposibilidad.
Días atrás, en la cancha de Independiente, la gente se enfrentó a los barrabravas y lo sigue haciendo con una grandeza impresionante, sin ningún interés más que el amor por el club en el cual crecieron y al cual aman con locura. Es un equipo contra una dirigencia y esos hechos marcan hitos y suman fuerzas para seguirla peleando. Todos tenemos esa opción, la de darle la espalda a esta delincuencia que dice cuidar nuestros recursos y no hace otra cosa que sumar millones en Suiza y vaya uno a saber en cuántos países mas.
Cuando vos vas a la cancha y pagás tu entrada estás alimentando un aparato cada vez más poderoso. Pero de la misma manera que podemos alimentarlo podemos dejarlo morir de hambre. Basta de vergüenza, exijamos un cambio, pero que ese cambio represente una alternativa mejor. Hoy nos están proponiendo cambiar un delincuente viejo y debilitado por uno joven y con ganas de seguirnos robando. De nosotros depende que el cambio sea el que se necesita para salir del coma.
Mis palabras seguramente ayudan poco, o quizás nada, pero a mi me permiten siempre estar tranquilo de poder marcar un límite y pararme en la vereda del frente de aquellos que se van a dormir todas las noches con la conciencia sucia, aunque pocos les importe. ¿Todo Pasa? Depende de nosotros.



miércoles, 5 de octubre de 2011

¿Por qué se juega tan mal?



Con la fecha que pasó se superó la mitad del torneo y me hace replantear de forma recurrente qué se valora desde las tribunas de nuestros estadios o la pantalla de nuestros televisores. ¿Cuando hablamos de uno de los torneos más lindos del mundo, nos referimos al juego o nos referimos a todo lo que lo rodea? A decir verdad, todo lo que rodea al fútbol argentino cada vez tiene menos de atractivo, por problemas ya archiconocidos que van desde violencia en los estadios hasta falencias institucionales realmente preocupantes. Entonces nos estamos refiriendo al juego y ahí mi preocupación crece desde mi lugar de hincha porque lo que se muestra en la cancha es realmente pobre y preocupante.
Parece que hace siglos desde aquellos tiempos en que hablábamos del 5 de un equipo. Antes el 5 era sinónimo de un volante con quite, garra y personalidad. Claro que no le pedíamos gambetas ni lujos, sólo que la quitara y la entregara redonda, que marque una posición en el mediocampo y que sea el elemento de recuperación por excelencia. Sin dudas que el rol del 5 era muy importante, porque la pelota pasaba a ser un elemento fundamental. Cuando la robaba se la daba al que sabía y ahí empezaba el espectáculo.
Hace unos años estábamos acostumbrados a ver esos laterales que no tenían nada que envidiarle a un lateral brasileño. Si el 4 o el 3 no sabían con la pelota no eran dignos de la posición. Los centrales sabían que contaban con una salida confiable y los volantes con un apoyo para la recuperación y para el desequilibrio.
El enganche hoy se encuentra en peligro de extinción y basta con verlo los fines de semana a Juan Román Riquelme para darnos cuenta de la mentira enorme que nos quieren vender cuando nos dicen que el fútbol evolucionó y que ya no se puede jugar con un talentoso que mueva los hilos del equipo desde su posición de enlace.
Hoy en el fútbol de AFA ya los 5 son dos, el enganche casi no existe más, los laterales pasan a ser centrales con un manejo aceptable y la línea de volantes pasó de ser el elemento de creación a ser un eslabón más encargado de la recuperación. Eso si, cuando la pelota es del rival se atrasan en bloque y resisten hasta que la redonda quede por casualidad en su poder.
Igualmente, si uno refuerza una función (en este caso la defensiva) es porque su cometido es de suma importancia. Es decir que si reforzamos la recuperación de la pelota es porque nos interesa mucho lo que podemos hacer con ella. Sin embargo en el 95% de los partidos vemos cómo apenas se tiene la pelota se la revienta a cualquier lado o se apela al famoso “pelotazo” hacia los delanteros que de tan solos ya se empiezan a aburrir y no les queda otra que bajar y hacer de creadores y goleadores al mismo tiempo. A veces se la recupera y como no hay un solo jugador que sepa hacer con la pelota algo útil se vuelve para atrás y las defensas “resorte” como yo las llamo se encargan de poner en peligro a toda ave desinformada que se atreva a pasar por los 500 mts. a la redonda del campo de juego.
Personalmente, ya sea en las tribunas o en la comodidad de mi casa, ya no grito pidiendo que mi equipo haga un gol sino que me conformo con que se mire al compañero y no se reviente el fútbol como si fuera un enemigo.
Pasó medio campeonato y cada vez se juega peor. El puntero es Boca y todo parece indicar que no hay un rival fuerte que pueda quitarle el sueño de quedarse con el torneo al que su clásico rival intenta volver. En casi todos los medios se habló mucho de Boca, de su mejoría y de su merecido liderazgo. Créanme que estoy convencido que merece los puntos que tiene, pero el único atributo que se rescata es su solidez defensiva y un supuesto “orden”. Antes esas eran cualidades de equipos que peleaban por no descender o por hacer una campaña mediocre. Hoy esas son las cualidades que pueden marcar la diferencia del posible campeón. Pido disculpas si estoy errado, pero si cada vez nos conformamos con menos en el futuro nos vamos a aburrir y mucho. El campeón debe marcar diferencias claras tanto en defensa como en ataque. El fútbol tiene las dos facetas y si me apuran yo prefiero ganar 5  a 4 antes que 1 a 0. Prefiero que mi equipo pierda una pelota por tirar una pared antes que perderla por un pelotazo a la nada. Cuando un jugador tira un taco y la pierde, el murmullo se siente de manera automática, pero si un defensor la revienta a la tribuna se escuchan aplausos. Está todo dado vuelta, el deporte que debería divertirnos nos aburre todos los fines de semana.
El motivo de la decadencia puede tener muchas explicaciones, pero el principal es que no somos exigentes con el juego, pedimos que nuestros jugadores corran, pero no pedimos que piensen. Los DT, siempre en la cuerda floja, captan el mensaje y eso es lo que nos muestran partido a partido.
Se dice que en España o en Inglaterra no se marca o se marca menos. Quizás, pero yo veo un partido de estas ligas y realmente la paso bien, casi tan bien como la pasaba cuando veía al fútbol argentino hace unos años, varios años atrás.
Otro torneo perdido y van. Ojalá que el año entrante nos encuentre volviendo a las fuentes y podamos disfrutar en vez de sufrir de un deporte hermoso por excelencia.



lunes, 19 de septiembre de 2011

Síntesis de un fútbol resumido.


Dicen que el silencio ayuda al pensamiento. Que cuando la lengua no interfiere la cabeza es capaz de estar en su plenitud. Algo de eso experimenté en estos días que estuve alejado de las notas en las que con la humildad de siempre trato de plasmar mis apreciaciones con respecto al fútbol y a todo el complejo mundo que lo rodea.
Durante estas semanas, aparte de ocuparme de responsabilidades ineludibles, aproveché para mirar muchos partidos, de nuestro país y del exterior. Y la abstinencia de escritura me permitió hacer un análisis un poco más aceptable que de costumbre.
Del fútbol argentino pude ver varios partidos, de casi todos los equipos y la verdad que me dejó bastante preocupado el nivel de aburrimiento que me invadió en el 90% de los minutos que me tocó apreciar. Llevamos 7 fechas de un fútbol muy pobre, en el que se tiene paciencia eterna y se resalta al que intenta defender, pero no se tolera la falla del que se anima a jugar. El resultado no puede ser otro que planteos mezquinos, una pelota golpeada a más no poder, pocas situaciones de gol y errores tan infantiles como incomprensibles.
A ver, al que más observé es a mi Independiente y qué decir del rojo que no se haya dicho en estas semanas. Difícilmente se trate del mejor plantel del fútbol argentino y, casi seguro que no es un gran plantel, pero tiene mucho más material que otros equipos que proponen una idea sobradamente más atractiva, caso Godoy Cruz. Es cierto que hay factores que afectan negativamente y que no se limitan a lo que pasa adentro del Libertadores de América, pero creo que en el césped el principal problema es futbolístico, incluso por sobre lo físico que ha sido remarcado con razón como un punto flojo de este equipo y fue uno de los aspectos más criticados de la gestión de Antonio Mohamed. Adentro de la cancha no hay conductor, no hay un líder que se ponga el equipo al hombro y lo levante, no hay un jugador que piense y los delanteros tienen un nivel de ansiedad que los hace definir de la peor forma las pocas chances que tienen. En el caso de Independiente no se trata de actitud ofensiva a mi entender, el equipo intenta, pero la palabra “idea” hace rato que no se ve. De los 7 partidos que jugó en este campeonato pude presenciar en la cancha sólo dos (un triunfo y una derrota) y la imagen fue igualmente pobre, los síntomas fueron exactamente los mismos. Hay jugadores que simplemente se esconden de la pelota como si quemara, pero claro, no es ilógico si cuando les llega queda en evidencia que no saben qué hacer con ella.
Otro que me tocó ver bastante es Boca, un equipo 100% Falcioni. Parece que los jugadores entendieron que el Boca que se está viendo hoy es justamente el tipo de equipo al que el DT nos tiene acostumbrados y el que mejor puede desarrollar el ex Banfield. Boca no brilla, no deslumbra, no tiene momentos dignos de aplausos, pero se logró armar bien atrás y, ante la falta de ideas de los rivales, eso por ahora le alcanza para ser puntero. A mi entender, un equipo que tiene en su plantel a jugadores de la talla de Riquelme, Ervitti y Chávez puede jugar mucho mejor y ser mucho más vistoso. Ayer superó su primera gran prueba, Lanús. De acá en más veremos si lo que hoy muestra el xeneise alcanza para poder marcar la diferencia en las 19 fechas.
Hablando del granate, es otro de los que analicé mucho. Para mí, con el bajo momento de Estudiantes y el desmembramiento de Vélez, es el mejor plantel del fútbol argentino. Tiene a Valeri, a Regueiro, a Pizarro, a Camoranesi, y a delanteros picantes como Pavone y Romero. Por eso creo que no me quedo corto al decir que Lanús nos está debiendo mucho, pero mucho fútbol. Creo que Schurrer no aprovecha con una mentalidad ofensiva todo el potencial que tiene. Falta mucho, tuvo sus contratiempos, pero creo que debe hacerle mucho más honor a la redonda de lo que hizo hasta ahora.
Para analizar a Racing me voy a sacar la camiseta de su eterno rival, o por lo menos lo voy a intentar. Lo que vi de la academia me deja sensaciones confusas. Pude ver a un Saja en alto nivel, lo que le da un plus con respecto a otros años en los que el arco racinguista era un cúmulo de dudas. La incorporación de Pelletieri le da quite y juego, lo que se suma a Yacob que aporta las mismas características. Sin dudas, el regreso de Giovanni Moreno le va a ser muy positivo, porque aparte del gran jugador que recupera va a implicar la salida de Pablo Lugüercio, un hombre que brinda sacrificio pero más que nada confusión y vértigo innecesario. El colombiano puede aportarle mucho de algo que escasea “pensamiento e inteligencia”. Si a eso lo sabe aprovechar Teófilo Gutiérrez va a ser un equipo poderoso. Hasta ahora se ve un equipo con mucho vértigo pero poco juego. Veremos cómo sigue la historia de Giovanni Moreno para poder analizar para qué está Racing.
Como cordobés me interesó mucho ver qué propone Belgrano para este torneo que significa su regreso a Primera División y la vuelta de Córdoba al fútbol grande. Si bien mi simpatía va hacia otros equipos de mi ciudad, no me perdí muchos partidos del celeste. Vi a un equipo ordenado, aguerrido y fiel al estilo pirata. La figura de Franco Vázquez me sigue sorprendiendo, un jugadorazo el hombre de Tanti, aporta mucho, mueve los hilos del ataque y hace que un equipo con actitud defensiva se convierta en uno efectivo. Sus centrales no tienen vergüenza en reventarla, no tiene laterales con mucha salida, pero tiene un mediocampo que asfixia al rival y no lo deja generar. Arriba aprovecha la calidad de Vázquez, la velocidad de Pereyra y la sabiduría intacta de Silvera. Si me preguntan a mí, tiene que mejorar mucho, los resultados se le están dando, pero en cuanto se le cierre el arco va a sufrir mucho. El desafío del pirata debe ser pensar un poco más en el arco del frente y tratar de mantener la pelota pegada al piso por lo menos 20 minutos por partido.
Pude ver a otros equipos pero no lo suficiente como para poder dar un juicio de valor. No obstante, el nivel de nuestro fútbol me sigue generando un sinsabor cada vez más marcado y preocupante. Cada vez hay menos equipos que uno puede disfrutar de ver y que apuesten al espectáculo y al buen pie. En ese sentido, felicito a Godoy Cruz, espero la recuperación de Vélez que no tengo dudas que lo va a hacer, espero por Estudiantes que tiene muy buen material y, como no puede ser de otra manera, que Ramón Díaz pueda compensar todos los males que destruyen al rojo de avellaneda y pueda levantar al equipo que amo. No obstante, como siempre digo, en el caso de Independiente el desastre institucional en el que vive es tan grande que hace que el resultado deportivo resulte ser ni más ni menos que una anécdota. En fin, sombreros y gambetas, espero que pronto volvamos a encontrarnos.

domingo, 4 de septiembre de 2011

La historia sin fin.


Nunca voy a ocultar mi fanatismo casi enfermizo por el Club Atlético Independiente. Por ese fanatismo me prometí una y otra vez no escribir sobre mi equipo, porque la objetividad no va a ser un elemento común en lo que pueda decir. Pero la verdad, hoy no quiero ser objetivo, hoy no quiero hacer un análisis sobre un partido en particular. Sinceramente hoy deseo sacar todo lo que tengo contenido porque el presente de la institución a la que amo me hace doler el corazón. Y no me refiero a un mal partido, ni a un mal refuerzo, ni siquiera a un campeonato malo. Me refiero a un presente institucional que desde la cabeza hasta los pies está arruinando al Rey de Copas.
Hoy se perdió con Boca y molesta perder este tipo de partidos, pero si uno ve que las cosas se hacen bien lo tolera y apoya aunque los resultados no acompañen. Pero no se están haciendo bien, desde una dirigencia nefasta que hizo sus negociados y los quiere seguir haciendo, hasta medios cómplices, hinchas desorientados que cambiamos de opinión todas las semanas y barrabravas que dominan la escena política del club.
Ustedes no saben lo difícil que es para mí hilvanar dos palabras y tratar de encontrar una explicación “profunda” a este momento. Trato de decir algo y las palabras se me mezclan porque es tanto lo que quiero decir que me sale todo junto, pero voy a tratar de decir algo coherente, sepan disculpar.
Independiente es un club enorme que hace tiempo no sabe qué quiere, y desde ese desconocimiento no descubre qué tiene que hacer para lograr lo que no sabe. No hay un proyecto de inferiores, no hay enseñanza, no hay gente preparada que pueda delinear un rumbo. La verdad que con el panorama que tenemos el resultado es demasiado positivo, podría ser peor. Al club lo sostiene la poca gente que ama estos colores. Hace unos meses Gabriel Milito volvió a vestir la roja, dejó el mejor club del mundo para volver a su casa y más allá de un mal partido o dos, el “Mariscal” es uno de esos próceres que aman el club y cómo pueden lo sostienen. No es el único, pero se está luchando contra una dirigencia que está muy arraigada y que tiene la complicidad de la barra, que aprieta al verdadero hincha para que no pueda decir lo que siente.
Yo soy uno de esos hinchas perdidos en el interior del país, amo a mi club a pesar de la distancia. Cuando junté unas monedas viajé a verlo y me emocioné cuando pude entrar al estadio que seguramente muchos de ustedes conocen como su casa. Hoy esa distancia me hace doler el doble, porque estoy lejos para poder ayudar, para poder poner mi granito de arena y levantar a mi club. Es difícil, muy difícil, ver que destruyen algo que amás.
Cuando terminó el partido contra Boca, lo primero que pensé es que hoy se iba a terminar un ciclo. Triste apagué el televisor sin poder tolerar dos segundos más de fútbol. Cuando volví a prenderlo me encontré con que lo que imaginaba se plasmaba en la realidad, y de la peor manera, con barrabravas mandados por la Comisión Directiva para cantar y apretar contra un DT que, con sus aciertos y errores, es sólo un eslabón de la cadena. Los jugadores son otro eslabón, nosotros los hinchas somos otro, los periodistas también lo son. El problema es que todos parece que tiramos para otro lado. Yo leo mucho sobre Independiente, escucho muchas voces y los análisis son siempre los mismos, se quedan en si el 3 titular debe ser Maximiliano Velázquez o algún chico de las inferiores, si Pellerano o Battión, o si Assmann o Hilario. El análisis nunca se remite a los temas importantes, a lo que queremos y a cómo lo queremos.
En los medios partidarios se escuchan voces casi unánimes contra la gestión de la actual comisión directiva, yo estoy de acuerdo, pero en pocos escucho propuestas e ideas. Excepciones las hay, claro está, pero como me dijo hace unos días un periodista de un gran programa partidario “A algunos les cuesta despegarse del hincha” Y los hinchas tenemos la misma falla. Hoy tenemos una crisis muy profunda y en unos meses tenemos la posibilidad de votar una alternativa diferente. Pero no dejemos que nos vuelvan a vender espejitos de colores. Preguntemos, indaguemos, profundicemos. Para un candidato es muy fácil decirnos que van a potenciar las inferiores, que van a traer refuerzos de calidad, que van a erradicar a las barras y que van a armar un proyecto deportivo que nos va a posicionar otra vez en lo más alto de nuestro fútbol. Pero gente, seamos realistas, a esa plataforma se la escribo yo a cualquier candidato en no más de media hora. Y entonces, ¿Cómo hacemos? Preguntemos plazos, estrategias, pilares de gestión, fuente de recursos. Aprendamos a preguntar, que no nos engañen más. Nos grabemos las respuestas en la cabeza y cuando se desvíen de lo que prometieron se los hagamos saber, les exijamos desde la protesta respetuosa que cumplan con lo que prometieron.
Duele, mucho este momento, no dejemos que nos sigan haciendo doloroso algo tan hermoso como sentir la pasión de ser hincha de Independiente. Seamos coherentes, seamos pensantes y luchemos por nuestro patrimonio, por el económico y el sentimental. No quiero tener que sentarme con mi hermano más chico a explicarle lo grande que es el rojo, quiero que él lo viva, que lo disfrute por todo lo que sufrió este momento lamentable.
No se si estoy escribiendo una nota o haciendo catarsis, pero esa es la ventaja de no ser un periodista. Yo soy amante del fútbol e Independiente sintetiza mi sentimiento. Sin Independiente el fútbol me parece el deporte más aburrido del mundo. No quiero que un grupo de delincuentes arruine mi club, tolero los errores, tolero las malas decisiones, pero nunca voy a tolerar la delincuencia y es lo que se ve hoy en Independiente. Quienes tuvieron alguna vez la posibilidad de hablar conmigo o leerme, saben que trato de ser racional siempre, pero cuando veo que mi presidente sólo se dedica a negociar nuestro futuro y le regala la potestad de hacer y deshacer a un grupo de barrabravas a cambio de apoyo político, la racionalidad desaparece porque el sentimiento de dolor es más grande. Que el momento de cambiar llegó no hay ninguna duda, en nosotros está que el cambio sea el de siempre o que de una vez por todas exijamos el cambio que nuestro rojo necesita.
Mis últimas líneas son para vos rojito de mi alma, te lastimaron mucho, te bastardearon mucho, te llenaron de heridas, pero los hinchas de verdad te vamos a mantener con vida. Gracias por toda la alegría que me diste y estamos en deuda eterna con vos. Te Amo Rojo.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Historia y Fútbol: Almirante Brown



El fútbol tiene muchas aristas, se dice que es una expresión social, que tiene aspectos tácticos, psicológicos, físicos y tantos otros de los que hablamos hasta cansarnos en cada evento deportivo que tenga como protagonista una pelota de cuero y 22 jugadores alrededor.Todos alentamos a nuestro equipo y cantamos miles de canciones con su nombre, pero poco sabemos de su origen. En este sentido hay un selecto grupo de clubes cuyo nombre me llamó siempre la atención, pero como sus inicios están totalmente alejados de mi campo pocas veces pude explicarlos. Por eso recurrí a la ayuda de un sabio en el tema y me lancé a la aventura de intentar conocer quiénes son los próceres que les dan nombre a los clubes del fútbol argentino. A sugerencia de mi asesor y hacedor del 90% de la nota, el querido profesor de historia Pablo Gianninoto, decidimos comenzar con un curioso personaje que nomina a muchos clubes a lo largo y a lo ancho de la Argentina. ¿Quién es Almirante Brown? ¿Qué aportó a la historia de nuestro país y por qué tenemos más clubes con su nombre que el mismísimo Manuel Belgrano? Bueno, desde el desconocimiento absoluto intentaré transmitirles una reseña.
Curiosamente los orígenes de Guillermo Brown se encuentran muy lejos de nuestras tierras, precisamente en Irlanda donde nació en 1777 y vivió poco tiempo hasta que sus padres lo llevaron a los Estados Unidos, país en el que vivió hasta su adolescencia cuando quedó huérfano y se alistó como marinero aprendiz en un barco de guerra inglés. Precisamente hoy todos disimuladamente conozcamos el apodo de las porristas del club, “Las Marineritas”, y nos podemos dar cuenta del por qué.
Pero volviendo al personaje que nos ocupa, luego de quedar preso en manos de los franceses, escapar y tras un fugaz paso por Montevideo finalmente recala en Buenos Aires. Su relación con el país vecino se traslada al ámbito futbolístico ya que muchos atribuyen los colores del popular Club Almirante Brown a la camiseta de Peñarol de Montevideo.
Ya en nuestro país se unió al proceso revolucionario en 1810 y para 1814 contribuyó en la expulsión de los realistas de la isla Martín García y la toma de posesión de la misma, la cual era un bastión importantísimo para la causa revolucionaria en su sitio a Montevideo. Un mes después con la ayuda de Rondeau y Artigas logran liberar Montevideo y el mismísimo General San Martín califica este hecho como el mayor logro militar desde el inicio de los combates por la revolución.
Luego se retira hasta 1826 cuando es convocado para la guerra con el Imperio de Brasil y tras concluir la misma dice adiós a su carrera militar negándose a participar en la disputa entre Unitarios y Federales.
A mediados de 1857, Guillermo Brown fallece en Buenos Aires.
Como punto saliente, se trata del primer marinero nombrado Almirante. A lo largo de su carrera militar siempre luchó desde la adversidad ante rivales siempre superiores en número y armamento. Esto no le impidió formar parte de un proceso de militarización construido desde la nada misma y que colaboró en gran medida a construir el espíritu revolucionario porteño. Hoy podemos nombrar a numerosos clubes que le hacen honor con su nombre como el mismo Club Almirante Brown, Brown de Adrogué, Brown de Arrecifes, de Puerto Madryn y seguramente muchos más. Todos ellos comparten desde su humilde presente el espíritu de lucha y honran al Almirante que les regaló su nombre.
Sería de mi parte un atrevimiento enorme poner mi nombre en la nota, desde ella sólo intento trasladarles lo que pude aprender desde las palabras del profe Pablo Gianninoto. Sabiendo que la historia muchas veces suele aburrir a muchos, entre los cuales no dudo en incluirme, si llegaste hasta estas líneas es porque además de sombreros y gambetas te interesa aprender. Desde quién escribe espero haber podido contribuir aunque sea un poquito a esa causa y, de ser así, seguiremos aprendiendo de los próceres que nos representan en el deporte que amamos.